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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 19 de agosto de 1979

 

La Madre de Cristo, que es la Madre de la Iglesia, esté presente en este encuentro dominical que nos une en torno a los misterios de la Encarnación y de la salvación.

1. Al encontrarnos a la hora del "Ángelus" en oración común, frecuentemente abrazamos con el pensamiento y el corazón los diversos problemas del hombre, de las naciones y de todo el mundo. Especialmente cuando requieren nuestro recuerdo y nuestra solicitud. En los meses pasados vivimos juntos una profunda inquietud, cuando surgieron en la frontera chino-vietnamita hostilidades que no sólo deterioraron las relaciones mutuas de esas dos nobles naciones, sino que constituyeron además una amenaza para la paz mundial. Dimos gracias a Dios apenas fue conjurado este peligro.

Nuestra oración se dirige constantemente a Dios en favor del gran pueblo chino, el más numeroso de toda la tierra. Sólo una parte limitada de hijos e hijas de ese pueblo pudo recibir, en el pasado, la enseñanza de Cristo. El año 1949, los católicos chinos eran mas de 3 millones y la jerarquía contaba con cerca de 100 obispos, de los cuales 40 eran chinos de nacimiento. Los sacerdotes eran 5.800 y de ellos 2.700 chinos. Era una Iglesia viva, que mantenía perfecta unión con la Sede Apostólica. Después de treinta años son pocas e inciertas las noticias que tenemos de esos hermanos nuestros; sin embargo, no cesamos de abrigar la esperanza de poder reanudar nuevamente ese contacto directo con ellos, que jamás fue interrumpido espiritualmente. En efecto, nunca han dejado de estar presentes de modo especial en nuestra oración aquellos que, por falta de posibilidad de una relación visible, podían parecer ausentes.

Deseamos hacer todo lo posible para que el recuerdo y la solicitud que mantiene por ellos la comunidad católica en el mundo contemporáneo puedan llevar a un acercamiento y por lo mismo a un encuentro. Es difícil decir algo más sobre este tema; sin embargo, algunas noticias acerca de hechos recientes, que pueden hacer pensar en un nuevo respeto por lo que se refiere a la religión, nos permiten expresar alguna, también nueva, confianza. Formulo de corazón el deseo de que puedan registrarse hechos positivos que señalen para nuestros hermanos y hermanas del continente chino la posibilidad de gozar de plena libertad religiosa.

2. Séame permitido manifestar mi alegría por el hecho de que, desde hace más de una semana, se encuentra en libertad el arzobispo de Conakry, Guinea, monseñor Raymond-Marie Tchidimbo. Juntamente con toda la Iglesia y en particular con la Iglesia del continente africano, doy gracias al Señor por este confortador acontecimiento y, mientras expreso mi agradecido aprecio a cuantos lo han hecho posible, os invito a elevar conmigo vuestra oración por la paz y la prosperidad de todos los pueblos de África, siempre tan querida para mí y para todos nosotros.

Encomendamos a la Madre de Cristo y Madre de la Iglesia estas dos intenciones que constituyen el tema principal de nuestro encuentro y de nuestra oración del "Ángelus".


Después del Ángelus

Dirijo ahora un saludo especial al numeroso grupo de peregrinos de Riese Pío X, que, acompañados por el arcipreste y el alcalde, han querido manifestarme su afecto filial, después del rito celebrado en la Basílica Vaticana sobre la tumba del gran Pontífice San Pío X con ocasión del XXV aniversario de su canonización.

Queridísimos hermanos y hermanas, vosotros justamente os apropiáis como gloria el hecho de que en vuestra tierra generosa haya nacido ese Papa tan insigne; sabed, pues, imitar siempre con fidelidad sus virtudes, especialmente la fortaleza con que defendió denodadamente las verdades de la fe, el amor a Jesús Eucaristía y a la Virgen, y la caridad hacia todos los hombres, por cuya concordia ofreció su vida. Os bendigo de corazón así como a vuestras respectivas familias.

:Una bendición para Castelgandolfo, para toda Italia, para todos los países del mundo. Buen domingo. ¡Alabado sea Jesucristo!

 

© Copyright 1979 - Libreria Editrice Vaticana

 

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