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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 9 de diciembre de 1979

 

1. Durante estos días, en las semanas de Adviento, toda la Iglesia se abre hacia Aquel que debe venir: Regem venturum Dominum, venite adoremus. Sabemos que es un Rey admirable. Efectivamente, hace poco, el domingo último del pasado año litúrgico, hemos meditado sobre la verdad de su "señorío" mediante la cruz, y sobre su reino que "no es de este mundo" (Jn 18, 36), pero que sobrepasa incluso los límites de la temporalidad y nos permite vivir en la perspectiva del gran cumplimiento de la historia del hombre en Dios, que es Amor. Sabemos también que este Rey, al que nos dirigimos durante el Adviento con toda la fuerza de nuestra fe y de la esperanza, vendrá al mundo y carecerá de casa, teniendo como primer lugar de refugio un establo destinado a los animales. Y, en el curso de este período litúrgico, nos preparamos precisamente para acoger con tanta mayor ferviente espera y con tanto mayor amor al que viene humanamente hablando― en este abajamiento: hacemos esto para comenzar de nuevo junto con Él, en la noche de Navidad, en la admirable noche del "comienzo nuevo", la etapa ulterior de nuestra vida.

Así espera la Iglesia al que debe venir. No es una espera pasiva. El Adviento es el tiempo de una cooperación especial, en el Espíritu de la esperanza humilde y gozosa, con ese Verbo de Vida, que pronuncia Dios eternamente, y que pronuncia, siempre de nuevo, para cada uno de los hombres, para cada generación, para cada época.

Queremos acoger a este Verbo a ejemplo de Aquella que lo acogió plenamente en su corazón: a ejemplo de la Inmaculada. Y deseamos acogerlo, Palabra eterna de Verdad y de Amor, a medida de nuestro tiempo, de nuestra época.

Deseamos escuchar y transmitir este Verbo de tal manera, que todos los hombres de esta época puedan escucharlo igualmente como Palabra de Verdad y de Amor.

2. En este contexto séame permitido también hoy dirigirme a esa realmente venerable institución, cual es en esta ciudad eterna el Colegio Inglés, fundado hace 4 siglos por mi predecesor Gregorio XIII, en 1579. La semana pasada me ha sido posible participar en la celebración del jubileo de este Colegio, que nos habla con el testimonio de un vínculo especial con la Sede de San Pedro: es un testimonio que confirman los nombres de los Santos y Beatos mártires por la fe, en el curso de los siglos XVI y XVII, y que confirma una fidelidad tenaz de generaciones enteras de valientes confesores, de obispos y sacerdotes, como también de apóstoles laicos y de religiosos.

¿Acaso no es este testimonio, mediante su constante amor y firme fidelidad, un reflejo especial del Adviento de toda la Iglesia?

La Sabiduría Eterna bendiga también en el futuro esta próvida institución en su existencia y actividad. Entre todos los Colegios romanos el Colegio Inglés ocupa un lugar especial y merece un singular recuerdo.

3. Quisiera recordar también el encuentro tan grato que he tenido recientemente con los obispos de Venezuela, que han venido a Roma para la "visita ad Limina", y por los cuales he podido tener noticias directas y confidencias sobre la vida de la Iglesia en dicho país.

Venezuela es una nación rica en recursos naturales, que está en un desarrollo grande y que ha acogido muchos emigrantes del continente latinoamericano, y también del europeo.

Con los Pastores de las 28 circunscripciones eclesiásticas en que se divide el territorio nacional, he tenido oportunidad de detenerme sobre algunos problemas a los que dedican mucha solicitud y que tienen mucho interés también para mí como Pastor de la Iglesia universal:

― el compromiso por la familia, para que sea una verdadera "pequeña iglesia doméstica", escuela de vida y de santidad;

― la necesidad de una catequesis que responde a las exigencias de la sociedad actual;

― la pastoral de las vocaciones para el sacerdocio y para la vida religiosa, tan vitales para el futuro de la Iglesia

― la responsabilidad de los católicos por la promoción humana tanto dentro de la comunidad nacional, como en el ámbito del continente latinoamericano.

Invito a todos los presentes a implorar los más abundantes dones del Señor sobre la nación venezolana por intercesión de la Virgen, que en esa tierra es invocada especialmente con la advocación de "Virgen de Coromoto".


Después del Ángelus

En nuestra oración de hoy a la Virgen halle eco también nuestro dolor y nuestra plegaria de sufragio por dos recientes víctimas de la ciudad de Roma: el suboficial de Seguridad Pública, Domenico Taverna, asesinado hace unos días precisamente en la parroquia adonde iré esta tarde, y el suboficial Mariano Romiti.

Al renovar mi deploración profunda por el criminal asesinato y por el uso de la violencia ciega, que turba el progreso ordenado de la vida social, elevo mi oración por las víctimas inocentes y defensores del orden público.

Al mismo tiempo deseo hacer llegar a las familias en luto y en llanto la expresión de mi solidaridad y de mi condolencia.

Está presente en la plaza una numerosa representación de la "Comunidad Marquesana" de Roma, que ha organizado la Fiesta internacional del Aire y ofrecerá una estatua de la Virgen de Loreto al Aeropuerto internacional "Leonardo da Vinci".

Mientras expreso mi paterna y viva complacencia por esta iniciativa, que intenta exaltar a la Virgen Santísima, bendigo de corazón la sagrada imagen, que representa a la celeste Patrona de la Aviación, y, recordando con gozo mi peregrinación a Loreto, bendigo también a todos los queridos Marquesanos, deseando que sean siempre y por todas partes coherentes con sus ejemplares tradiciones cristianas.

Mi bendición apostólica confirma estos deseos.

Saludo después a los participantes en la "Marcha de los mil niños", organizada por la Federación Italiana de Atlética ligera, en el marco de las jornadas de estudio dirigidas a la defensa de la condición de los menos afortunados.

Me congratulo con vosotros, queridísimos muchachos, por la prueba de solidaridad fraterna que habéis ofrecido con vuestra iniciativa, y por el estudio de amistad que os ha unido en este ejercicio deportivo en torno a vuestros compañeros menos afortunados.

Deseando que la competición constituya para vosotros motivo e invitación a comprometeros también en las luchas del espíritu, os bendigo de corazón.

Gustosamente dirijo una palabra también al grupo de niñas y niños, que han venido a Roma para tomar parte en el "Festival del Niño", organizado por el Centro Europeo de Iniciativas Sociales, en el marco del Año Internacional del Niño.

Queridísimos hijos, el Señor os bendiga y os asista siempre, y os haga crecer gozosamente "en sabiduría, edad y gracia ante Dios y ante los hombres" (Lc 2, 52), como el Evangelio dice de Jesús a quien nos preparamos para venerar estos días en su Nacimiento.

Un saludo y un deseo especial dirijo a los jóvenes del Movimiento Apostólico de Ciegos, que celebran los 10 años de su actividad.

Queridísimos, me congratulo de corazón con vosotros en esta oportunidad y os estimulo a dar siempre testimonio de fe y de caridad: sea esta luz que inunde siempre vuestra alma.

Estoy cercano a vosotros con mi oración, deseando que el Señor os sirva siempre de guía y de consuelo, y os imparto mi bendición.

Finalmente, dirijo mi saludo a los veteranos de la Asociación Nacional de Combatientes, que han venido en gran número a esta cita de oración, al término de su asamblea en Montelungo.

Os agradezco vuestra presencia y, mientras deseo todo bien para vosotros y para vuestras familias, muy gustosamente os bendigo.

 

© Copyright 1979 - Libreria Editrice Vaticana

 

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