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JUAN PABLO II

REGINA CAELI

Domingo 20 de mayo de 1979

 

Queridos hermanos y hermanas:

1. Nuestra habitual oración dominical tiene hoy un motivo y un contenido de todo especial. Efectivamente, en Roma el domingo de hoy está dedicado a la "Jornada para las nuevas iglesias y para la asistencia religiosa en la periferia de la ciudad", y no quiero pasar por alto esta importante celebración. Sí, también Roma necesita nuevas iglesias, a pesar de las muchas y antiguas ya existentes en su centro histórico. Hay nuevos barrios que reclaman estas construcciones, para que sean centros vivos de unión cristiana y aún humana. Como decía en la visita a la parroquia de San José en "Forte Boccea" el pasado mes de marzo: "El edificio material, en el que se reúne el Pueblo de Dios para escuchar la Palabra de Dios y participar en la celebración de los misterios divinos, representa un coeficiente de importancia primaria para el crecimiento y la consolidación de esa comunidad de fe, esperanza y amor, que es la parroquia" (L'Osservatore Romano, edición el Lengua Española, 1 de abril de 1979, pág. 2).

Por tanto, exhorto a todos a empeñarse en este problema, ya sea con la oración, ya con un interés concreto.

2. Quiero saludar una vez más a mis connacionales llegados de tantos países y continentes donde viven como emigrantes. Hermanos y hermanas, dado que vuestra llegada está en relación con el jubileo de San Estanislao, permitidme que lea un fragmento de la Carta Apostólica que he dirigido para este jubileo a toda la Iglesia de Polonia.

San Estanislao ha dejado una herencia especial. "Esta es evidentemente herencia de fe, esperanza y caridad, que da razón plena y propia a la vida del hombre y de la sociedad. Es herencia de firmeza y fortaleza para confesar la verdad, que manifiesta la grandeza del espíritu humano. Es herencia de solicitud por la salvación y el bien espiritual y temporal del prójimo, o sea, de los ciudadanos de la misma nación y de todos, a quienes debemos servir con perseverancia firme. Es también herencia de libertad que se pone de manifiesto en el mismo servicio y entrega, hecha por amor. Es, finalmente, la admirable tradición de unión y de unidad, para cuya realización en la historia de los polacos -como demuestran los hechos- tanto contribuyeron San Estanislao, su muerte, su culto y sobre todo su canonización".

La Iglesia en Polonia "quiere evocar de nuevo esta herencia; desea profundizar en ella y después de sacar las consecuencias para la vida cotidiana; desea prepararse una ayuda para luchar contra los abatimientos, vicios, pecados, principalmente contra los que obstaculizan más el bien de los polacos y de Polonia; desea vehementemente robustecer con nuevas defensas la fe y la esperanza del destino futuro, para cumplir su misión, y del servicio para dedicarse a la salvación de cada uno y de todos".

3. Como ya sabéis, anteayer finalizó aquí en Roma la sesión plenaria de la Conferencia Episcopal Italiana. Ha sido un acontecimiento importante, porque ha tenido como tema central de reflexión y debate el problema tan actual de las vocaciones y de los seminarios. Todos conocen el reciente fenómeno de la crisis que ha afectado a estos sectores. Sin embargo, en el documento final de los obispos italianos se lee con gozo que hay "signos consoladores de una vitalidad recuperada en el interior de nuestras Iglesias" (núm. 1), que "florecen grupos y movimientos de fe generosa y de fuerte compromiso pastoral" (ib.) y que se nota "cierto florecimiento de las vocaciones al sacerdocio, de modo que permite esperar que esté en vías de superación esa escasez que las Iglesias italianas, y no sólo ellas, han padecido en estos años" (núm. 2).

Demos gracias a Dios y comprometámonos más todavía para ofrecer en este campo nuestra aportación responsable. Además, no olvidemos rezar, como hacemos ahora en el Regina Coeli laetare, para que estos gérmenes de esperanza se vuelvan cada vez más fecundos y fructuosos por la gracia divina.


Después del Regina Caeli

Saludo de nuevo a los alpinos. Fue magnífica la audiencia de ayer por la tarde, y todavía vivimos de los recuerdos de esa audiencia, de ese encuentro. Os saludo cordialmente con la misma atmósfera familiar de los alpinos italianos. Y deseo a todos un domingo feliz

¡Alabado sea Jesucristo!

 

© Copyright 1979 - Libreria Editrice Vaticana

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