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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 6 de enero de 1980
Fiesta de la Epifanía del Señor

 

1. "Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra" (Salmo responsorial).

La solemnidad de hoy nos habla a través del recuerdo de algunos hombres, los Magos de Oriente, que habiendo llegado de lejos a Belén, tras la luz de la estrella, encontraron a Jesús recién nacido. En estos hombres vemos representados a todos los que, desde cualquier lugar y en cualquier tiempo, han ido a Jesús y lo han encontrado y le han ofrecido el don de su fe, tanto en las generaciones pasadas, como en la nuestra y en las futuras.

Esos Magos del Oriente simbolizan a los hijos y a las hijas de todos los pueblos de la tierra, que adoran a Dios en el misterio de su Encarnación, esto es, en su amor inescrutable hacia el hombre, por el cual el Verbo se hizo carne y nació de la Virgen María.

De todos estos hombres nos habla la solemnidad de hoy, la Epifanía del Señor, que se celebra en todas partes: en todos los lugares de la tierra, en todos los corazones humanos a quienes la luz interna de la fe lleva a Cristo.

Hoy deseamos saludar de modo especial a todos estos hombres y unirnos a cada uno y a todos en un ferviente agradecimiento por esta luz.

2. Al mismo tiempo, queremos desear la luz de la fe a cada uno de los hombres de todas las naciones de la tierra. Deseamos a los hombres y a los pueblos que encuentren en Cristo, así como lo encontraron los Magos de Oriente. Lo deseamos a toda las generaciones, desde las más ancianas a las más jóvenes. Lo deseamos sobre todo a los que sufren, a los enfermos, a los agonizantes. Lo deseamos también a todos aquellos para quienes se ha apagado la luz de la estrella.

En la solemnidad de año nuevo la Iglesia ha expresado su deseo de paz a todas las naciones y a los pueblos de la tierra. Hoy expresa un deseo de fe.

Y al mismo tiempo la Iglesia se desea a sí misma ser verdaderamente misionera: que sepa acercarse a Cristo en las difíciles y complicadas circunstancias de nuestra época, y que sepa indicar a cada hombre el camino hacia Él.

Deseamos todo esto a los misioneros y a las misioneras. Lo deseamos a todos los pastores de almas. Lo deseamos a todas las comunidades religiosas masculinas y femeninas. Lo deseamos a cada una de las familias y a todos los laicos.

También expresamos este deseo a los teólogos porque ellos tienen una responsabilidad especial de indicar a los hombres de hoy el camino hacia Cristo.

3. Y luego, después de todos estos deseos de fe que son las felicitaciones típicas de Epifanía, queremos recordar de modo especial a la Iglesia de Milán, que, mediante la consagración episcopal de hoy en la basílica de San Pedro, recibe a su nuevo Pastor.

Qué alegría tan grande supone para mí, que estoy unido a la Iglesia ambrosiana con un vínculo muy personal por el nombre de San Carlos, obispo de Milán, que llevo desde el día de mi bautismo.

Los mismos deseos de fe formulo a los otros dos obispos ordenados hoy: uno viene de cerca, era Asesor de la Secretaria de Estado, y el otro viene del Camerún, África.

4. Y séame permitido recordar aún, entre los obispos que han venido a la visita ad Limina Apostolorum en el curso del año pasado, a los de Pakistán con el Cardenal Cordeiro. Como es sabido la Iglesia en Pakistán cuenta con 350.000 católicos entre los cerca de 70.000.000 de habitantes. Hay allí 5 diócesis con 244 sacerdotes y 580 religiosas. Es una comunidad pequeña, pero caracterizada por una viva práctica religiosa y muy dinámica en el compromiso apostólico y en las obras asistenciales.

Que no falte en nuestra oración un recuerdo también para esa querida comunidad eclesial.


Después del Ángelus

Y ahora me es grato dirigir un saludo especial a los numerosos fieles de la archidiócesis ambrosiana, que han venido a Roma para asistir a la ordenación episcopal de su nuevo arzobispo.

Queridísimos milaneses, al veros, pienso en vuestra ciudad, inmensa y célebre por su historia y por su dinámica actividad, encrucijada del espléndido y dramático trajín de la civilización moderna. Pienso en la amplia diócesis, rica por el patrimonio milenario de las tradiciones cristianas y ansiosa de testimoniar hoy su fe en Cristo, y que tuvo corno Pastores a San Ambrosio, San Carlos, e insignes prelados que de la sede ambrosiana fueron llamados después a la Sede de Pedro.

Milán tiene en mi corazón y en mi recuerdo un puesto especial.

Recibid mi saludo más afectuoso y, al regresar a vuestras casas, llevádselo a todos los milaneses. El Papa piensa en vosotros y ora por vosotros.

Deseo especialmente invitaros a recibir con alegría a vuestro nuevo Pastor, que os envía el Papa en nombre de Cristo. Amadlo, seguidlo, ayudadlo, estad unidos a él, recordando las célebres palabras de San Ambrosio: «Yo deseo seguir en todo a la Iglesia de Roma... Yo no hago más que seguir al Apóstol Pedro, estoy fielmente adherido a su piedad» (De Sacramentis, III, 5, 6).

El va a vosotros como padre y maestro, como amigo y testigo. Va para amaros e iluminaros con su luz que es Cristo mismo; para estar a vuestro servicio y guiaros a la salvación.

Y os sirva siempre de consuelo y estímulo mi especial bendición.


Me han comunicado que hoy Teleradio Centro Italia transmite, por primera vez, la oración del Ángelus a los fieles de las diócesis de Terni, Narni y Amelia y de otras zonas de la querida región de Umbría.

Me complazco en saludar y bendecir a éstas poblaciones de profundas tradiciones religiosas, mientras reitero mi sincera solidaridad a sus coterráneos que han sido duramente probados por el reciente terremoto:

(Al terminar su alocución dominical y los saludos)

Pienso que hoy hay una comunidad que merece un saludo especial: la Universidad Gregoriana de Roma que ha perdido su rector, pero lo ha regalado a la Iglesia de Milán. Felicidades a la Universidad Gregoriana de Roma. Felicidades por la fiesta de la Epifanía. "Buona befana".

 

© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana 

 

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