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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 31 de agosto de 1980

 

1. La liturgia del domingo de hoy -y sobre todo el Evangelio- nos dice a cada uno, a cada hombre, que es "invitado". A lo largo de la historia se ha tratado de distintos modos -y se trata actualmente- de expresar la verdad sobre el hombre, y de dar una respuesta a esta pregunta: ¿Quién es el hombre? Algunas de estas respuestas están marcadas por una cierta profundidad y precisión, por lo que hacemos referencia a ellas con frecuencia.

Cristo llama al hombre "el invitado" y lo manifiesta directamente en algunas parábolas e indirectamente en todo el Evangelio. El hombre es "un invitado" por Dios. No sólo ha sido llamado a la existencia como todas las demás criaturas del mundo visible, sino que desde el primer momento de su existencia y para todo el tiempo de su vida terrena, ha sido invitado, invitado a "un banquete", o sea, a la intimidad y comunión con el mismo Dios, más allá del ámbito de esta existencia terrena.

2. Ayer tuve la fortuna de venerar particularmente la memoria de San Bernardino de Siena en la ciudad de Aquila, con ocasión del VI centenario de su nacimiento.

San Bernardino reveló de modo particular a la Iglesia y al mundo, el misterio de Jesucristo; anunció la gloria del Nombre de Jesús en sí. Fue un hombre enviado por Dios a los hombres de su época, para hacerles saber que cada uno de ellos ha sido "invitado" en Jesucristo, invitado por Dios Creador y Redentor. Esta invitación es decisiva por lo que respecta a la dimensión cabal de la vida humana. Y le da significado definitivo.

3. Al aceptar el hecho de ser "invitado", el hombre vuelve a encontrar la verdad plena sobre sí. Y descubre asimismo su puesto justo entre los demás hombres. En esto consiste el significado fundamental de la humildad de que habla Cristo en el Evangelio de hoy, cuando recomienda a los invitados a la "boda" que no ocupen el primer puesto, sino el último, en espera del puesto definitivo que les señalará el amo.

En esta parábola está oculto un principio fundamental, o sea, que para descubrir que ser hombre significa ser invitado, es necesario dejarse guiar por la humildad. El juicio desatinado sobre sí mismo ofusca en el hombre lo que está inscrito profundamente en su humanidad, es decir, el misterio de la invitación que viene de Dios.

En la oración que rezaremos dentro de poco se repetirán las palabras de María de Nazaret: "Ecce ancilla Domini, fiat mihi secundum verbum tuum". Que estas palabras nos ayuden siempre a volver a descubrir continuamente esta verdad, que cada uno de nosotros está "invitado" en Jesucristo. Y nos ayuden a responder a esta invitación que nos hace Dios, en la que se sintetiza la justa dignidad del hombre.

4. Días pasados he tenido el gozo de recibir en visita "ad Limina Apostolorum" a los obispos indios de rito malabar que vinieron con el cardenal Parecattil a traer el testimonio elocuente de la vitalidad de sus 18 diócesis.

Es ésta una Iglesia de rito oriental antiquísimo que una vieja tradición la hace remontar a la predicación del Apóstol Tomás; y, de hecho, a los fieles malabares se les designa todavía hoy con el titulo de "Cristianos de Santo Tomás ".

Es gloria de esta Iglesia el no haberse separado jamás de la comunión con la Iglesia de Roma, con una continuidad que ni la enorme distancia geográfica ha podido quebrantar.

Es gloria de esta Iglesia particular, dinámica y autóctona, inserta desde hace ya dos milenios en el contexto de la inmensa patria india, el haber dado vida a iniciativas espirituales, culturales y caritativas que le han ganado la estima de sus compatriotas, incluso de los de otras religiones.

Es gloria de esta Iglesia el haber tenido siempre espléndida floración de vocaciones sacerdotales y religiosas masculinas y femeninas, con un impulso misionero que beneficia a otras Iglesias de India y del mundo.

Con los obispos malabares vinieron, también de India, los obispos de rito malancar, pertenecientes a una Iglesia que llegó a la primera comunión con Roma sólo en 1930, y cumple este año el cincuentenario de vida católica. Este aniversario se celebrará solemnemente el próximo diciembre, con la participación como Enviado mío, del cardenal Rubín, Prefecto de la Sagrada Congregación para las Iglesias Orientales.

Ved cómo el Señor invita a su Reino a todos los pueblos, de Occidente a Oriente, del Septentrión al Mediodía. Oremos por los obispos y fieles de estas Iglesias orientales indias, para que por intercesión de la Santísima Virgen Asunta, Patrona de India, sigan floreciendo cada vez más en Cristo, "Señor y Dios nuestro".


Después del Ángelus

Saludo ahora con afecto particular al "Centro juvenil vocacional" de Brescia, reunido estos días en un encuentro de formación.

Queridísimos: Os agradezco vuestra presencia y me complazco en vuestro compromiso vocacional. Proseguid con amor vuestra actividad formativa para hacer brillar ante todos los jóvenes los grandes ideales cristianos, y para preparar "testigos de Cristo y de la Iglesia" dignos y convencidos.

Os acompañe también mi bendición.

* * *

Me da alegría saludar al grupo de las Líneas Aéreas Filipinas que está aquí presente. Gracias a los viajes aéreos las distancias entre vuestro país y Roma se acortan; pero en la oración desaparecen. Todo el pueblo de Filipinas está en mis oraciones estos días y siempre.

 

© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana 

 

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