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 JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 28 de septiembre de 1980

 

1. Los obispos reunidos en el Sínodo han conmemorado hoy el segundo aniversario de la muerte del Papa Juan Pablo I, y, al mismo tiempo, el segundo aniversario del fallecimiento, acaecido pocas semanas antes, de Pablo VI, que instituyó el Sínodo de los Obispos y presidió, mediante delegados suyos, todas las sesiones anteriores, participando personalmente en los trabajos de cada una de ellas, en los años 1967-1969 (sesión extraordinaria), 1971, 1974 y 1977. Respondiendo a las propuestas del Episcopado de todo el mundo, Pablo VI fijó los temas de las diversas sesiones, cada una de las cuales ha contribuido en gran medida al proceso de la auténtica realización del Concilio, sobre todo desde el punto de vista pastoral. Basta recordar los temas de las dos últimas sesiones, evangelización y catequesis, de los que nacieron posteriormente dos Exhortaciones Apostólicas: Evangelii nuntiandi y Catechesi tradendae, de gran importancia para el trabajo de toda la Iglesia. El tema de sesión actual es como una continuación de las dos sesiones anteriores.

2. Esta tarde, junto con los representantes de las Conferencias Episcopales de Europa, y con la participación de los huéspedes procedentes de otros continentes, deseamos honrar a San Benito en el año jubilar del 1500 aniversario de su nacimiento. Como es sabido, en 1964 el Papa Pablo VI declaró a San Benito Patrono de Europa. Por eso los representantes de los Episcopados europeos creen que es deber suyo especial ir a Subiaco —un lugar tan íntimamente vinculado a la vida de San Benito y de su hermana Santa Escolástica— y allí encomendar a Dios, por intercesión de este Santo, los difíciles problemas del continente europeo y de cada nación, y encomendarle también la misión de la Iglesia.

3. No puedo dejar pasar en silencio el hecho de que el 30 de septiembre se cumple el centenario de la fecha en que León XIII, con la publicación de la Encíclica Grande munus, extendió el culto litúrgico de los Santos Cirilo y Metodio a la Iglesia universal (antes ambos Santos sólo gozaban del culto local).

Los Santos Cirilo y Metodio, naturales de Tesalónica y vinculados a la tradición de la Iglesia constantinopolitana, mediante su actividad entre los pueblos de la península balcánica y de la cuenca del Danubio, se convirtieron en los verdaderos apóstoles de los pueblos eslavos.

Al traducir los libros litúrgicos a la lengua eslava antigua, prestaron un gran servicio no sólo a la evangelización, sino también a la cultura de los pueblos eslavos ya desde sus mismos orígenes.

Al recordar esto, doy gracias a Dios por la gran labor de los Santos Cirilo y Metodio, cuyos frutos aún permanecen.

Recomendamos a su protección todos los pueblos a los que ellos anunciaron el Evangelio, o a cuya evangelización, contribuyeron al menos indirectamente.


Después del Ángelus

(A los peregrinos de Belluno)

Mí bienvenida afectuosa y mi saludo agradecido a los fieles de Canale d'Agordo y de la diócesis de Belluno, que han venido a Roma presididos por su obispo mons. Ducoli, para recordar a mi inolvidable predecesor y amado conciudadano suyo, el Papa Juan Pablo I, en el segundo aniversario de su muerte.

Gracias, queridos hermanos e hijos, por vuestra presencia. La figura amable del querido Pontífice está siempre viva y nos habla en el corazón.

Al elevar al Señor una oración por él, que tenía honda sensibilidad por los problemas de la formación cristiana de la familia, encomendamos también a su intercesión el éxito feliz del Sínodo de los Obispos apenas comenzado.

A todos bendigo y extiendo mi recuerdo a vuestras familias y a toda la comunidad diocesana.

(A los campistas)

Y ahora dirijo un saludo jubiloso y cordial a los campistas, que se han reunido en esta plaza abierta a los caminos del mundo, para clausurar los actos conmemorativos del XXX aniversario de la Federación italiana de Camping, enderezada como es sabido― a impulsar programas de turismo deportivo y social.

Queridísimos: Vuestro propósito principal es el de conseguir un ambiente de solidaridad fraterna y un contacto inmediato y contemplativo con las bellezas de la creación. Ahondad en esa relación de admiración silenciosa y escuchad la voz persuasiva de la naturaleza, para celebrar las maravillas del Señor. Hago mío para vosotros el augurio del Profeta Isaías: "Sí, partiréis con regocijo y caminaréis en paz. Montes y collados os aclamarán" (Is 55, 12). Que vuestra actividad turística dé a vuestro espíritu, solaz y serenidad sobre todo. A vosotros y vuestras familias, mi bendición afectuosa.

(A un grupo de religiosas misioneras)

Una palabra ahora a las religiosas que participan en el congreso nacional de animación misionera, organizado por la Unión de Superioras Mayores de Italia.

Hijas queridísimas: Os expreso mi complacencia por el interés que habéis mostrado en profundizar el conocimiento de la dimensión misionera de la Iglesia, tratando de estudiar las implicaciones teóricas y señalar las consecuencias concretas en el orden práctico. Espero que cuanto habéis aprendido en este encuentro os estimule a prestar a vuestras congregaciones respectivas una aportación eficaz para renovar el compromiso de oración, entrega y sacrificio.

Os acompañe mi bendición.

 

© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana

 

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