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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 4 de enero de 1981

 

 

1. "Christus natus est nobis, venite adoremus"!

Reunidos en la oración común del "Angelus", pedimos que esta invocación, sencilla y a la vez maravillosa, que brota del establo de Belén, llegue, lo más ampliamente posible, a los corazones de los hombres. Lo mismo que llegó a los pastores en los campos de Belén. Lo mismo que llegó a los Magos de Oriente. La venida de Dios al mundo, el nacimiento de Dios en cuerpo humano es una verdad penetrante y deslumbradora. Es una senda por la que, caminando, el hombre se encuentra a sí mismo, ¿Qué más se puede desear al hombre ―a cada uno de los hombres― si no es precisamente esto?

Y por lo mismo, impregnados del misterio de Navidad, pedimos juntos que el camino de los pastores, el camino de los Magos de Oriente se convierta en el camino de cada uno de los hombres.

2. El día 6 de enero ―solemnidad de la Epifanía del Señor―, consagraré a 11 nuevos obispos en la basílica de San Pedro. Provienen de los siguientes países: uno de Brasil: mons. Zico; uno de Nigeria: mons. Ochiaga; uno de Indonesia: mons. Sinaga; uno de Argentina: mons. Donnelly; siete de Italia: mons. Goretti, mons. Sanguineti, mons. Voto, mons. Appignanesi, mons. Scarafile, y los dos obispos, a quienes citaré después, y que trabajarán, de ahora en adelante, como auxiliares en la diócesis de Roma.

Deseo, pues, desde hoy, dirigir palabras de fraterna gratitud al cardenal Ugo Poletti, Vicario de Roma que me ayuda, con vivo celo y dedicación, en mi servicio pastoral de la Iglesia en esta venerable ciudad, a la cual la Providencia divina eligió como Sede de San Pedro.

Juntamente con el cardenal Vicario, deseo recordar a todos mis hermanos en el Episcopado, que se dedican al trabajo pastoral en esta ciudad, comenzando por el arzobispo Giovanni Canestri, vicegerente; y luego el obispo Fiorenzo Angelini, quien con su servicio episcopal, se prodiga, dentro del gran campo de la pastoral, en los hospitales romanos.

Los otros cinco obispos auxiliares tienen encargados los respectivos grandes sectores de Roma. Quiero encomendar a Dios el alma del obispo Oscar Zanera, fallecido antes de Navidad, al cual estaba confiado el sector Norte.

¡Que Cristo Señor recompense el trabajo de este servidor fiel hasta el último aliento!

Es preciso también, en esta ocasión, dar las gracias al benemérito obispo Plinio Pascoli, el cual, a causa de la edad, se ha retirado de la acción pastoral activa en el sector Centro.

Los obispos Clemente Riva, Remigio Ragonesi y Giulio Salimei desarrollan su actividad respectivamente en los sectores Sur, Oeste y Este.

A este propósito deseo saludar a los dos nuevos colaboradores: mons. Filippo Gianoini y mons. Alessandro Plotti, que asumirán las tareas de sus predecesores en la diócesis de Roma.

A la vez que a ellos, saludo cordialmente a todos los otros, ya mencionados, que el 6 de enero recibirán la consagración episcopal para servicio del Pueblo de Dios.

 


Después del Ángelus

Ahora quiero saludar a los participantes en el congreso sobre "Nuevas generaciones y caminos de pastoral vocacional", que tiene lugar durante estos días en Roma por iniciativa del Centro Nacional de Vocaciones.

Hijos queridísimos, os habéis reunido muy/oportunamente para reflexionar sobre los espacios pastorales que se abren hoy, en la vida de la comunidad cristiana, a una obra de sensibilización y de catequesis acerca del tema fundamental de la vocación. Es necesario y urgente despertar en la conciencia de los fieles la grave responsabilidad de acoger la voz de Dios, cuando llama a un compromiso de donación total por el Reino. El futuro de la Iglesia depende de la presencia de almas generosas, capaces de decir "sí" a Dios, como lo fue la Virgen en el momento de la Anunciación, que recordamos cada vez al recitar el "Ángelus". Que el ejemplo de María, cuya vida fue totalmente acogida y don, suscite en el corazón de muchos jóvenes el deseo de poner la propia existencia al servicio del Amor, que se hizo carne para salvar al hombre.

Con este deseo, imparto a todos mi bendición apostólica.

* * *

Me siento feliz también de extender ahora mi saludo a las religiosas, maestras en las guarderías infantiles, que participan durante estos días en Roma en un congreso.

Queridísimas hermanas en Cristo: Os doy las gracias sinceramente por este acto de afecto, como también por el interés generoso que ponéis para el cumplimiento de vuestra delicada tarea de educación espiritual y cívica en medio de los queridos niños. Como auténticas religiosas que sois, no ceséis de realizar todo esfuerzo para desarrollar en el alma Cándida de los pequeños esa dimensión religiosa que es parte esencial de una formación adecuada de su futura personalidad. Que os asista en vuestra entrega cotidiana la Santísima Virgen, Madre del Niño Jesús, y os acompañe siempre mi bendición.

 

© Copyright 1981 - Libreria Editrice Vaticana

 

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