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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 11 de enero de 1981

 

1. "Tú eres mi Hijo amado, mi preferido" (Mc 1, 11).

El tiempo de la Navidad del Señor es, a la vez, el tiempo de la Revelación del Hijo de Dios en el hombre Jesús, concebido por obra del Espíritu Santo y nacido de la Virgen María, la noche de Belén.

Esta revelación o epifanía, se realiza ante los ojos de los pastores que van, la noche misma de Navidad, al lugar donde ha nacido el Niño y encuentran junto a Él a la Madre con José, el carpintero de Nazaret. Y se realiza, luego, ante los ojos de los Magos de Oriente, los cuales fueron conducidos, desde países lejanos a Belén, por la luz de la estrella, y todavía más por la inspiración interior de la fe.

La Iglesia medita con amor y con efusión los detalles que acompañan a ese Nacimiento-Revelación, en los primeros días del Hijo de Dios sobre la tierra. Y volverá de nuevo a los acontecimientos transmitidos en el Evangelio de la infancia. Sin embargo, son poco numerosos, de manera que casi inmediatamente después de la Navidad comienza el período de la vida oculta de Jesús en Nazaret.

Sobre este fondo, adquiere un significado particular ese momento que la liturgia de la Iglesia incluye en el conjunto de la Epifanía. Se trata del momento del Bautismo de Jesús en el Jordán, al cual la Iglesia de Occidente, y particularmente la de Oriente, dedican una fiesta especial que coincide precisamente con el domingo de hoy.

Una vez finalizada la vida oculta, Jesús va de Nazaret al Jordán, y allí lo señala Juan Bautista como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (cf. Jn 1, 29).

Sobre el testimonio de Juan se proyectan las palabras de lo alto, que confirman la filiación divina de Jesús: "Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto" (Mc 1, 11).

2. Hoy, juntamente con toda la diócesis de Roma, oremos a fin de que Jesús se revele de modo particular a los corazones de muchos jóvenes, como Aquel a quien deben seguir por el camino de la vocación sacerdotal.

Este es un día de oración intensa por los seminaristas, tanto del seminario mayor, que se encuentra en San Juan de Letrán, como por los del seminario menor, que está en el Viale Vaticano, a pocos pasos de aquí. Pidamos también al Señor por todos los jóvenes romanos, para que sean sensibles a la llamada del Maestro divino: Él se dirige a los jóvenes, llamándolos a ser sacerdotes según su Corazón, y eligiéndolos como "sus amigos" (Jn 15, 15).

Mi recuerdo agradecido se dirige hoy a todos los animadores vocacionales, que se dedican generosamente a la promoción de una causa tan santa y meritoria, como también a todo el pueblo cristiano que, ciertamente, no dejará de dar una generosa aportación espiritual y material. La ofrenda material, aun cuando no es el factor principal para el florecimiento de las vocaciones, sin embargo, tiene su importancia en la vida cotidiana del seminario y es índice claro de sensibilidad y de comunión eclesial. Es consolador comprobar que este último año ha habido en Roma un aumento, aunque pequeño, de seminaristas; pero Roma puede y debe hacer más, tanto porque es la diócesis a la que se mira desde todas las partes del mundo, como, sobre todo, porque las necesidades de la creciente población exigen un número mayor de "operarios" para la mies.

Que la Virgen Santísima, Reina de los Apóstoles, inspiradora de las vocaciones, nos obtenga de su Hijo ser escuchados en nuestras particulares intenciones.


Después del Ángelus

Ahora deseo expresar la participación dolorida con que sigo, desde los mismos comienzos, el triste caso del magistrado Giovanni D'Urso, traidoramente arrebatado al afecto de sus seres queridos hace ya un mes. Estoy junto a él espiritualmente en la soledad de su penosa segregación; y también junto a su esposa e hijas, cuyo estado de ánimo, a lo largo de estos días interminables de trepidación y espera angustiosa, comprendo perfectamente.

¿Cómo no reiterar otra vez la execración de tales actos de violencia que no se paran ante los valores supremos que constituyen el patrimonio más sagrado de toda convivencia civil? Y, ¿cómo no preguntarse con estremecimiento, en fuerza de qué sugestión tenebrosa es posible estar convencido de actuar en favor del futuro del hombre cuando se pisotean sus derechos más elementales?

Junto con vosotros elevo mi oración al Señor para que el magistrado Giovanni D'Urso sea devuelto lo más pronto posible al amor de sus seres queridos que le esperan con tanta ansiedad. Pido al Señor que toque el alma de quienes tienen en sus manos la persona y la vida del magistrado, para que reflexionen sobre la gravedad de su conducta y escuchen el sentimiento de humanidad que no puede haberse apagado en su corazón.

Encomiendo a vuestras oraciones este caso tan triste y preocupante; encomiendo la paz en Italia, la paz interna, el equilibrio social; encomiendo a cada uno de los ciudadanos de este querido país. Feliz domingo, vivido todavía en la atmósfera del período navideño.

* * *

El Santo Padre manifestó su alegría por la liberación del juez Giovanni D'Urso, ocurrida el día 15 de enero a primera hora de la mañana, durante el encuentro que esa misma mañana tuvo con los representantes de la prensa internacional presentes en la audiencia concedida a la delegación del Sindicato independiente polaco "Solidamosc":

No puedo por menos de expresar mi alegría en esta circunstancia por la noticia que nos ha llegado esta mañana de la liberación del magistrado D'Urso, del que hablé el domingo pasado dirigiendo una llamada a las brigadas rojas. Gracias a Dios hoy podemos estar reconocidos por su liberación. Esta noticia llegó ya ayer. Encontré ayer por la tarde a mis religiosas, en casa, que rezaban en la capilla y decían que habla sido liberado el señor D'Urso. Pero no era todavía verdad. No se había realizado. Esta mañana ha tenido lugar, gracias a Dios. Saludo a todos y doy las gracias a todos.

 

© Copyright 1981 - Libreria Editrice Vaticana

 

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