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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Castelgandolfo
Miércoles 16 de septiembre de 1981

 

Alabado sea Jesucristo.

Quiero saludar a todos los presentes reunidos para la plegaria del Angelus Domini. Lo hago refiriéndome en particular a la festividad del 14 de septiembre, la Exaltación de la Santa Cruz, y a la del 15 de septiembre, Santísima Virgen de los Dolores. Estas dos fiestas litúrgicas —con más propiedad, fiesta es la Exaltación de la Santa Cruz, pues la conmemoración de la Virgen de los Dolores es sólo memoria—; estas dos fiestas nos han recordado el misterio de la Redención y nos han hecho pensar en la cruz que exalta a la persona humana porque es un signo del amor infinito que se ha manifestado en esa cruz. Y la Virgen Dolorosa, que se halla tan cerca de la cruz de su Hijo, nos introduce en este misterio.

También quiero saludar a todos los jóvenes y niños de las escuelas superiores, medias y elementales, que comienzan el año escolar estos días.

Deseo a todos un año escolar bueno y provechoso. Al expresar este deseo pienso al mismo tiempo en los padres y profesores porque si mucho depende de los alumnos, este "mucho" llega a través de los padres y maestros. Buen trabajo.

 


Saludos

A las personas, familias y grupos de lengua española aquí presentes doy mi cordial saludo y bienvenida, de manera particular a los feligreses de la parroquia de Port-Bou, a los estudiantes de la universidad para la Tercera Edad de Pamplona, a los miembros de la congregación mariana del colegio de San José de Gandía y al grupo procedente de Santander. Os exhorto, queridos hermanos y hermanas, a avivar siempre vuestra fe cristiana y dar a vuestro trabajo esa dimensión humana y espiritual, en actitud de servicio y ayuda al hombre hermano, de la que hablo en mi reciente Encíclica Laborem exercens. Con estos deseos os doy mi cordial bendición.

Entre todos los peregrinos y turistas de lengua francesa venidos a este encuentro de oración con el Papa, me complazco en saludar particularmente a los peregrinos de Senegal con su obispo, mons. Adrien Sarr. Después de haber ido a rezar a Jerusalén y venerar los lugares donde Nuestro Señor fundó la Iglesia, han querido detenerse aquí para recordar a los Apóstoles Pedro y Pablo. Ojalá que, al volver a su patria, den testimonio del amor de Cristo como lo hicieron ellos. Saludo asimismo a los peregrinos venidos de la diócesis de Perpiñán. A todos, a vuestras familias, a los niños y a los jóvenes que van a emprender de nuevo el camino de la escuela y el liceo, imparto de todo corazón mi bendición apostólica.

Dirijo una palabra de bienvenida a cada uno de los visitantes y peregrinos de lengua inglesa que están hoy aquí. Quiero aseguraros que vuestra presencia me trae alegría. Pero sobre todo pido que vuestra visita a Roma os dé energías nuevas en la vida cristiana, acorde con las normas y valores del Evangelio. Os bendiga Dios en vuestro trabajo y colme vuestras casas de la paz de su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo.

Los grupos de lengua alemana son tan numerosos hoy que difícilmente podemos nombrar a todos. Les saludo con mucha cordialidad y también a los visitantes que han venido individualmente. Y en especial a los peregrinos lectores del periódico "Paulinus" de Trierer; a los estudiantes de teología de la Escuela católica de Norhein-Westfalen, del departamento de Paderborn; al grupo de la comunidad católica de Guardias de frontera de Bonn; y al grupo de religiosas misioneras Sier-vas del Espíritu Santo, procedentes de varios países. Con ocasión de este encuentro nuestro quisiera recomendar a vuestra plegaria y atención mi Encíclica recién publicada referente al trabajo humano, "Laborem exercens". Sed conscientes siempre de la dignidad del trabajo por el que cada uno en su puesto particular toma parte en la obra del Creador. Sentíos corresponsales en todo momento de la solución humana de los graves problemas siempre candentes del mundo del trabajo.

Para los queridísimos peregrinos y oyentes de lengua portuguesa, un saludo cordial en Cristo Señor. Hoy deseo confiaros una palabra sobre el trabajo y sobre el hombre del trabajo. Jesús nos enseñó en Nazaret a amar el trabajo y sacrificarnos por el trabajo. Desde los tiempos apostólicos a nuestros días, el tesoro de la doctrina cristiana sobre el trabajo se ha ido enriqueciendo continuamente. Para que todos os sintáis felices en el trabajo manual o intelectual que la Providencia os confía, os voy a dar la bendición apostólica.

Un saludo afectuoso deseo dirigir también a los varios grupos de peregrinos procedentes de distintas regiones de Italia. Saludo en particular al grupo de sacerdotes de la diócesis de Novara y al de religiosas de la congregación de salesianas del Sagrado Corazón; a los peregrinos venidos de Corte de' Frati, Conegliano Véneto, Venecia-Lido, Villapiana y Mezzoiuso, y también a los funcionarios y empleados de la Caja de Ahorros de la Marca Trevisana de Treviso. A todos, queridísimos hermanos y hermanas, auguro sinceramente que en los ambientes múltiples y varios en que la Providencia divina os ha situado, deis testimonio convencido y coherente de fe cristiana, que debe animar y orientar vuestra concepción de la vida y las consiguientes opciones morales que estáis llamados a hacer a diario. Mi bendición apostólica os sirva de estímulo y consuelo ahora y siempre.

(En polaco)

Veo muchos escritos en polaco; pienso que estarán todos en mi lista de peregrinaciones. Quiero nombrarlos: la peregrinación de pastoral académica de Siedlce; el grupo folklórico "Bartós Obrochta" de Podhale; la peregrinación de la parroquia de San Juan Cancio de Poznam; el grupo de empleados de la Oficina central de Estadística de Varsovia; el grupo de ferroviarios de Cracovia, el grupo del "Klub Inteligencji Katolickiei" de Varsovia; el grupo "Solidarnosc" de empleados de la radio y televisión polacas; los representantes de las empresas de Cracovia y Lublín; el grupo de ingenieros y técnicos sanitarios de Gdansk y Poznam; la peregrinación de Katowice y Tarnowskie Góry; el grupo de estudiantes de Lublín y Torun; la peregrinación de la parroquia de San José de Torun; y peregrinos de varias ciudades y pueblos de todo el país. La lista es bastante larga. Hablando en italiano al principio, he recordado dos festividades de anteayer y ayer, la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz y la festividad de la Virgen Santísima de los Dolores. Son dos fiestas de septiembre muy cercanas a nosotros. La primera, Exaltación de la Santa Cruz, para mí va siempre unida al recuerdo del santuario de Mogila; hoy este santuario forma parte del territorio de Nueva Huta. Y la otra, a tantos lugares; por ejemplo, a la iglesia de la Virgen Santísima de los Dolores de los franciscanos de Cracovia, y a la de la Santísima Virgen Dolorosa de Staniatki. Y esto según lo que me acuerdo y limitándome a cierto territorio. Pero pienso que estas dos festividades, estos dos misterios de la fe —la Santa Cruz y la Santísima Virgen María de los 'Dolores—, han dejado una impronta muy profunda en nuestra religiosidad y espiritualidad. Por ello nos son tan cercanas y nos dicen' mucho. La Exaltación de la Santa Cruz es el misterio maravilloso de cómo el hombre crece a través de la cruz de Cristo. La de la Virgen Santísima Dolorosa es el recuerdo de cómo nos va enseñando María a crecer por medio de la cruz; y a la cruz va vinculada siempre la Redención. A través de la cruz, la resurrección de Cristo. Por tanto, recordando lo que estos misterios me han dado y con cuánta profundidad han formado mi alma de cristiano y sacerdote, en esta ocasión deseo que sigan trabajando en nuestros corazones, en la conciencia de mis compatriotas. A todos mis compatriotas aquí presentes y, por ellos, a todos los que están en la patria o fuera de ella, va mi saludo afectuoso con mi bendición papal.

 

© Copyright 1981 - Libreria Editrice Vaticana

 

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