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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 3 de octubre de 1982

 

1. En la liturgia de hoy, durante la cual ha tenido lugar una solemne beatificación, nos ha sido presentado Jesús "coronado de gloria y honor por su pasión y muerte" (Heb 2, 9), como proclama el autor de la Carta a los Hebreos.

Mediante Él, Dios, "para quien y por quien existe todo", lleva "una multitud de hijos a la gloria" (Heb 2, 10).

Jesucristo es el guía de su salvación (cf. Heb 2, 10). He aquí a "Cristo que santifica" (Heb 2, 11), y he aquí "a los que son santificados" (cf. Heb 2, 11).

2. Entre estos hombres, la Iglesia ha elevado hoy a la gloria de los Beatos a los mártires p. Salvador Lilli, de la Orden de Hermanos Menores, y siete de sus feligreses.

Su testimonio de Cristo, coronado con el sello Supremo de la sangre, se sitúa en el final del siglo pasado. El padre Lilli se distinguió no sólo por el celo pastoral, sino también por las iniciativas sociales en favor de los más pobres.

En noviembre de 1895 fue secuestrado con algunos de sus cristianos, por soldados que querían obligarles a abjurar de la fe católica. Golpes mortales de bayoneta sancionaron el valiente rechazo de esos hombres que, como los antiguos mártires, supieron sacrificar la vida para no traicionar la fe.

3. La Iglesia ha elevado también hoy a la gloria de los Beatos a Juana Jugan, francesa, de la diócesis de Rennes.

De este modo otra luminosa figura de mujer se presenta a la Iglesia y al mundo para ofrecer un extraordinario mensaje de entrega a los hermanos, en la caridad de Cristo.

Pobre de bienes, pero rica de fe, reconoció la voz de Dios que la llamaba al don total de ella misma y pronunció su "sí" generoso, abandonándose a la acción del Espíritu Santo. Cuando llegó la hora de Dios, sor Juana Jugan comenzó, con audaz y a la vez prudente osadía, la obra a la que se sentía atraída desde siempre: un instituto que cuidase amorosamente las personas ancianas pobres. Así nacía la congregación de las Hermanitas de los Pobres.

¿Cómo no caer en la cuenta de la perenne actualidad de semejante mensaje? Sor Juana Jugan nos invita a vivir la bienaventuranza evangélica de la pobreza con la sencillez de los pobres y la alegría de los hijos de Dios. Nos invita, en particular, a abrir el corazón a los ancianos, tan frecuentemente desatendidos y marginados. Al proclamar "Beata" a esta mujer, la Iglesia quiere poner de relieve el carisma del servicio prestado a los ancianos y demostrar de este modo honor y amor a todas las personas de edad avanzada, a las que, a veces, se les niega este obligado tributo de honor y amor.

4. He aquí a "Jesucristo que santifica", y he aquí a los hombres que, mediante Él, han sido santificados.

Al rezar el "Ángelus", demos gracias por este fruto maduro de la salvación que le debemos a Jesucristo, Hijo de María Virgen, concebido por obra del Espíritu Santo.

 

© Copyright 1982 - Libreria Editrice Vaticana

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