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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 31 de octubre de 1982


1. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser... Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay mandamiento mayor que éstos" (Mc 12, 30-31).

Todos los Santos, a quienes la liturgia de la Iglesia recordará mañana en una celebración única, han construido su vida sobre este gran mandamiento, que tiene dos vertientes. Esto aparece de modo muy particular, evidente y elocuente en las dos figuras de religiosas, que hoy he podido inscribir en el catálogo de los Santos. Ellas han fundado realmente su santidad sobre el mandamiento del amor, mayor que el cual no hay ninguno.

Santa Margarita Bourgeoys, que nació en Troyes (Francia), el año 1620, dedicó totalmente su vida a los más necesitados, a partir de la edad de 20 años. Su campo de acción fueron las familias pobres de la ciudad natal. Pero luego fue a Montreal (Canadá), entonces posesión francesa y allí durante largos años se entregó, juntamente con sus primeras hermanas, a impartir una instrucción humana y cristiana tanto en las escuelas como en las parroquias, hasta su muerte, que tuvo lugar en 1700. De modo especial cooperó a la edificación de aquel nuevo país, intuyendo el papel determinante de las mujeres, y se afanó con asiduidad en su formación con un espíritu profundamente cristiano.

Santa Juana Delanoue, que nació en Saumur, en las riberas de Loira, el año 1666, vivió al principio pobremente en su familia, y luego se consagró sin límites al servicio de los muchos pobres de la zona. Su caridad traspasó muy pronto las fronteras de su ciudad y de su diócesis, abriéndose en amplio radio. Sólo su vida de oración y de unión con Dios está en el origen de su incesante caridad, ejercida hacia todos los que sufren.

Estas dos Santas brillan hoy ante nuestros ojos y nos proponen concretamente el ideal de del Evangelio, para que también nosotros lo sigamos en nuestra vida.

2. Esta tarde, como ya sabéis, comenzaré mi visita pastoral a España y, si Dios quiere, estaré en ese gran país hasta el 9 de noviembre.

Esta visita está situada en la clausura del IV centenario de la muerte de Santa Teresa de Jesús. Y por esto, teniendo como fondo el Jubileo teresiano, quiere ser una ulterior invitación a la santidad, estimulando a todos los cristianos a poner en práctica, cada vez con mayor ahínco, el mandamiento del amor a Dios y al prójimo.

Os invito vehemente a todos a orar por esta finalidad. Vuestras oraciones harán sin duda más fructuoso mi servicio pastoral.

© Copyright 1982 - Libreria Editrice Vaticana

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