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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Miércoles 8 de diciembre
de 1982
Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María


1. Alma Redemptoris Mater, / quae pervia coeli / porta manes, / et stella maris.

Madre del Redentor, virgen fecunda, / puerta del cielo / siempre abierta, / estrella del mar.

Fijamos los ojos en la Inmaculada como en la Estrella que nos guía por el cielo oscuro en las expectativas e incertidumbres humanas, particularmente en este día, cuando sobre el fondo de la liturgia de Adviento brilla su solemnidad anual; la contemplamos en la eterna economía divina como la Puerta abierta, a través de la cual debe venir el Redentor del mundo.

Toda nuestra esperanza de Adviento se concentra en torno a Ella: en torno al misterio de la Inmaculada Concepción, en el que, con la potencia de la elección divina, es superada la heredad originaria del pecado.

2. Y, por eso, le gritamos con estas palabras:

Succurre cadenti, / surgere qui curat populo / Tu, quae genuisti, / natura mirante, / Tuum Sanctum Genitorem.

Ven a librar al pueblo que tropieza / y quiere levantarse. / Ante la admiración de cielo y tierra / engendraste / a tu Santo Creador.

3. La esperanza de Adviento se une con la ferviente oración para la renovación de lo creado y del hombre, envuelto en el pecado.

Roguemos: ¡Haz resurgir al mundo! ¡Ayuda al hombre a resurgir del pecado!

¡Eres la Madre de Dios! ¡Eres Tu también la que das al mundo El Dios, hecho Hombre!

4. Contemplamos a María como la obra extraordinaria de la Gracia Divina. Y con veneración y admiración celebramos su maternidad virginal:

Virgo prius ac posterius / Gabrielis ab ore / sumens illud "Ave", pecatorum miserere.

Permaneces siempre virgen, / recibe el saludo del Ángel Gabriel / y ten piedad / de nosotros, pecadores.

5. Y este día tan solemne pidamos a la inmaculada que reciba de nosotros pecadores, el mismo saludo que recibió del ángel en la Anunciación.

Recemos el "Angelus Domini"

 

© Copyright 1982 - Libreria Editrice Vaticana

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