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JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Domingo 23 de enero de 1983
"Todos nosotros hemos sido bautizados
en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo" (1 Cor 12, 13).
1. Estas palabras del Apóstol San Pablo
a los cristianos de Corinto, tomadas de la liturgia de este domingo, nos hacen
reflexionar sobre la realidad misteriosa de la Iglesia, la cual no es una
sociedad nacida por iniciativa de los hombres, sino la manifestación viviente de
Cristo, que asocia a sí a todos los bautizados hasta formar con ellos un único,
místico Cuerpo, animado por el Espíritu Santo.
En el clima espiritual de estos días,
dedicados a la promoción de la gran causa de la unidad de los cristianos, esta
afirmación paulina retorna estimulante para todos los que: católicos, ortodoxos
y protestantes, están unidos en la común invocación al único Señor "Jesucristo,
vida del mundo". Que este tema característico del Octavario estimule los
espíritus a una vida vivida en unión y comunión con los otros, a semejanza de la
comunión misteriosa y profunda que hay entre el Padre, el Hijo y el Espíritu
Santo, capaz de ofrecer eficazmente una aportación espiritual a esta anual
iniciativa interconfesional destinada a mejorar ulteriormente el consenso
ecuménico.
2. En la clausura de esta Semana de
oraciones especiales iré, el próximo 25 de enero, a la basílica de San Pablo
Extramuros para orar sobre la tumba de aquel que gastó toda su vida, hasta el
derramamiento de su sangre, por la difusión de la fe cristiana entre numerosas
comunidades de Oriente y Occidente, y por la formación de la única Iglesia.
Durante esta liturgia, será elevada al
honor de los altares la Sierva de Dios María Gabriela Sagheddu, que, en el
silencio orante de la trapa de Grottaferrata, ofreció la propia vida a fin de
impetrar del Señor el don de la plena unidad entre los cristianos. El ejemplo y
la intercesión de esta religiosa que sufrió profundamente por el escándalo de la
división entre los cristianos, servirán ciertamente de estimulo para alcanzar
esta meta suspirada.
3. Mi pensamiento se dirige ahora a los
hermanos y hermanas de la Iglesia católica en la Confederación Helvética,
recordando que, el pasado mes de junio, tuve la oportunidad de visitar, aún
cuando fugazmente, la ciudad de Ginebra. Luego, en el mes de julio tuve también
la alegría de encontrarme con los obispos de esa noble nación, que vinieron a
Roma en visita "ad Limina". Este encuentro fue un momento importante para la
vida y actividad pastoral de esa comunidad eclesial, que representa el 50 por
ciento de toda la población. Efectivamente, la Iglesia cuenta con más de 2.500
sacerdotes diocesanos, cerca de 1.800 religiosos y más de 10.000 religiosas
profesas. También el funcionamiento de las escuelas católicas, con unos 6.000
alumnos, así como las numerosas instituciones de beneficencia y asistencia,
dirigidas por entidades eclesiásticas, hacen esperar mucho para el futuro.
Con la esperanza de poder realizar oportunamente la programada
visita pastoral a estos fieles, os invito a confiar a la intercesión materna de
la Santísima Virgen María, tan venerada allí en el santuario de Einsiedeln,
todas las intenciones que preocupan a las queridas gentes de la nación suiza.
© Copyright 1983 - Libreria Editrice
Vaticana
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