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JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Domingo 30 de enero de 1983
1. El 25 de enero ―fiesta de la
Conversión de San Pablo Apóstol― fue promulgado el nuevo Código de derecho
canónico.
Hoy, con ocasión de la plegaria del
Ángelus, séame permitido recordar la misma fecha del año 1959, cuando el Siervo
de Dios Juan XXIII anunció por vez primera este nuevo Código. Tal anuncio era
como un signo de los nuevos problemas de la Iglesia.
Hoy queremos dar gracias al Espíritu
Santo por la idea que nació entonces en el corazón del Papa. Él anunció la
convocación del Concilio Ecuménico y la reforma del Código de derecho canónico.
Se trataba de intenciones de gran alcance.
El Concilio Vaticano II se celebro en
los años 1962-1965.
La reforma del Derecho canónico debía
seguir las huellas del Concilio. Y he aquí que, en el 24 aniversario del
primer anuncio, también queda hecha realidad en nuestros días aquella intención
del Papa Juan.
Al dar gracias a Dios en la oración por
esta obra importante, queremos también evocar con espíritu agradecido a los
hombres que han contribuido a ella.
Siento el deber de recordar de modo
especial al llorado cardenal Pericle Felici, fallecido recientemente, el cual,
en calidad de Presidente de la Pontificia Comisión para la Revisión del Derecho
Canónico, se dedicó durante largos años, con diligencia y esfuerzo a esta
gravosa y noble fatiga. Recuerdo también al padre Raimundo Bidagor. ¡Que Dios
recompense a todos!
2. Quiero recordar además, en esta
oportunidad, a los hermanos en el Episcopado de la Iglesia que está en Bélgica,
y que en el pasado mes de septiembre vinieron a Roma para la acostumbrada visita
"ad Limina", junto a la Sede de Pedro.
A ellos se dirige ahora mi afectuoso y
agradecido saludo: al arzobispo de Malinas-Bruselas, mons. Godfried Danneels, a
quien tendré la alegría de elevar a la dignidad cardenalicia, y a todos los
otros hermanos que le acompañaron.
Durante dicha visita, pude examinar con
ellos la situación actual de la comunidad eclesial, sus problemas, proyectos,
actividades, esperanzas.
Como sabemos, desde hace siglos, el
cristianismo está vivamente presente en esa nación, y hay allí, como por lo
demás en todo el mundo, la comunidad eclesial está comprometida en la puesta en
práctica de la renovación conciliar.
He podido constatar con alegría que, si
en los últimos años ha habido cierta disminución de los agentes pastorales, sin
embargo no ha seguido una reducción de la misma acción pastoral, sino que más
bien ha sido particularmente incisiva y se ha extendido a cada uno de los
sectores de la vida social, desde el educativo al asistencial y caritativo.
Así, pues, aunque Bélgica se resienta
también del problema general de la escasez de vocaciones, sin embargo el fervor
de todos los que actualmente trabajan nos hace esperar mucho para el futuro.
Al reiterar a los obispos de Bélgica y,
por medio de ellos, a toda esa querida nación mi gratitud por el testimonio de
comunión con el Sucesor de Pedro, ofrecido también en esta circunstancia, les
aseguro mi constante recuerdo en la oración.
© Copyright 1983 - Libreria Editrice
Vaticana
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