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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 24 de julio de 1983


1. "María guardaba todo esto y lo meditaba en su corazón" (Lc 2, 19, cf. 2, 51 b). Así da testimonio el Evangelista Lucas de la contemplación de María, que conservaba el recuerdo de la infancia de Jesús. También en esto la Virgen muestra haber heredado la fe del antiguo Israel, instado por Dios a "recordar en su propio corazón" cuanto Él había hecho en favor suyo.

Debemos advertir, sin embargo, que el objetivo de la "memoria", según la Biblia, es esencialmente dinámico, actualizador: impulsa hacia adelante. Y la razón es ésta: lo que Dios ha hecho en el pasado para socorrer a su pueblo es garantía de que Él se comportara; del mismo modo en las circunstancias presentes y en las futuras (cf. Dt 7, 17-21), porque su amor es eterno e inmutable (cf. Sal 136, 1 ss.). Por ello también María Santísima, frente a los acontecimientos y a las palabras de Jesús, ejercita una memoria activa. En efecto, por una parte ella "conserva" su recuerdo; pero, por otra, trata de profundizar en su comprensión, "confrontándolos" (Lc 2, 19 b: en griego symbállousa), o sea, tratando de captar su justo sentido, de acertar con su interpretación exacta.

2. También la Iglesia revive el ejemplo de María, haciendo memoria incesante de cuanto dijo e hizo el Señor. El Apóstol Pablo daba esta consigna a su discípulo Timoteo: "Acuérdate de que Jesucristo, del linaje de David, resucitó de entre los muertos, según mi Evangelio... Guarda el buen depósito por la virtud del Espíritu Santo, que mora en nosotros" (2 Tim 2, 8; 1, 14).

La Eucaristía es la expresión privilegiada de este memorial de la doctrina y de los ejemplos de Jesús. "Haced esto en conmemoración mía" (Lc 22, 19; 1 Cor 11, 24. 25). Allí escuchamos y recordamos la Palabra del Salvador, para vivirla luego, renovados por su Espíritu, en las cambiantes situaciones de nuestra historia.

Mi pensamiento se dirige ahora a los cristianos, ortodoxos, anglicanos y protestantes que se encuentran desde hoy hasta el 10 de agosto en Vancouver, Canadá, para la VI asamblea del Consejo Ecuménico de las Iglesias. Este encuentro manifiesta el fuerte afán de los creyentes por la plena unidad que Nuestro Señor ha dado a su Iglesia.

La vocación de todos los cristianos a la unidad no es un hecho opcional. Su división, en efecto, además de contradecir la expresa voluntad del Señor y la naturaleza de la Iglesia, mengua y perjudica su testimonio del Evangelio en el mundo (cf. Unitatis redintegratio, 1).

Por esta razón la Iglesia católica, empeñada con decisión y de forma irreversible en el movimiento ecuménico, hace de la búsqueda de la unidad una de sus principales preocupaciones pastorales. Ella desea utilizar todos los caminos que puedan llevar a la unidad y permitir desde ahora un testimonio común de los cristianos respecto a Cristo y a su obra de salvación.

En Vancouver la Iglesia católica está representada por una delegación de 20 observadores. Los que se reúnen en esta asamblea lo hacen en nombre de Jesucristo, vida del mundo. Es éste un signo de esperanza. "Celebrando la redención vamos más allá de las incomprensiones históricas y de las controversias contingentes para encontrarnos en el fondo común a nuestro ser cristianos, esto es, redimidos. La redención nos une a todos en el único amor de Cristo, crucificado y resucitado " (Discurso al Sacro Colegio Cardenalicio, 23 de diciembre de 1982, L'Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 2 de enero, 1983, pág. 10).

Os invito, pues, a vosotros los aquí presentes, y a todos los católicos dispersos por el mundo a rogar por esta asamblea. Que Dios bendiga sus trabajos y haga que contribuyan, según su voluntad, a la noble causa de la unidad y de la paz entre los cristianos y en toda la familia humana.

* * *

Después del Ángelus

Saludo cordialmente a todas las personas y grupos de lengua española que están presentes en este acto del rezo del ángelus dominical.

Mi pensamiento va hoy especialmente a los fieles de los Países bolivarianos, representados por los Señores Embajadores y por un nutrido grupo procedente de esas Naciones, que se han congregado aquí esta mañana con ocasión del bicentenario del nacimiento del Libertador Simón Bolívar.

Sé que también en vuestros Países, sobre todo en su lugar de origen, donde culmina la celebración con la presencia de destacadas Personalidades, se está dando un relieve muy especial a esta circunstancia, ya que la figura de Bolívar ocupa un puesto central en vuestra historia. Por ello gustosamente me asocio a este acontecimiento gozoso para vosotros, queriendo dar con ello una prueba de mi cercanía y estima por vuestras respectivas Patrias.

Hago votos para que esta conmemoración acreciente en vuestras Naciones el sentido de solidaridad y mutua colaboración que reclama los vínculos históricos que os unen. A todos imparto mi afectuosa Bendición.

 

© Copyright 1983 - Libreria Editrice Vaticana

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