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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Martes 1 de noviembre de 1983
Solemnidad de Todos los Santos


"Esos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?" (Ap 7, 13).

¿Quiénes son los santos?

Los santos son aquellos que se han vestido con la vestidura blanca del "hombre nuevo" (Col 3, 10), llevando a su desarrollo pleno la gracia bautismal. Son los partícipes y testigos de Dios santo, del Dios "escondido" (Is 45, 15). Gracias a ellos, Él se revela, se hace visible, se hace presente en medio de nosotros. El "Santo de Dios" es, obviamente, Cristo Jesús, encarnación y revelación suprema de Dios y de su santidad. "Sólo Tú eres Santo, sólo Tú Señor, sólo Tú Altísimo, Jesucristo".

Jesús, constituido "Señor" en su resurrección gloriosa, comunica, por medio del Espíritu, su santidad a todos los creyentes. Estos, en los sacramentos, dignamente recibidos, adquieren la vida nueva en Cristo Jesús: por tanto, son llamados y en realidad son verdaderamente santos.

¿De dónde vienen?

Escuchemos la descripción del Apocalipsis: "Oí también el número de los marcados: ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel..."

Después vi una muchedumbre inmensa, que nadie podía contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas...

Estos son los que vienen de la gran tribulación: "han lavado y blanqueado sus mantos en la sangre del Cordero" (Ap 7, 4. 9. 14).

Los santos son el Pueblo de Dios redimido por la sangre del Señor: una multitud inmensa que proviene de las tribus de Israel y de todos los pueblos. Juntos forman el "verdadero Israel", la comunidad de los salvados, la Iglesia de Dios, la descendencia de Abraham, en quien son bendecidas todas las gentes.

En medio de esta nobilísima, inmensa falange está presente, al lado de Cristo, María, a la que llamamos "Reina de todos los Santos ". Ella, que "sobresale entre los humildes y pobres del Señor" (Lumen gentium, 55), encarna idealmente y lleva a cumplimiento la santidad del Pueblo de Dios. María es primicia y Madre de la Iglesia de los santos: de todos los que, engendrados por el Espíritu y viviendo en Cristo, son hijos del Padre.

El Espíritu del Dios viviente que la previno y plasmó nueva criatura, que intervino de manera decisiva en su vida, consagrándola Sierva y Madre del Señor, transfiguró finalmente su existencia, haciéndola conforme a la imagen de Cristo en la gloria.

Ella vive ahora junto al Señor, en la Jerusalén celestial, celebrando con San José y todos los Santos la liturgia eterna de los redimidos. Ella intercede por nosotros ante el Señor, hasta la consumación perpetua del número de los elegidos.

Con el Pueblo de Dios la invocamos: "Reina de todos los Santos, ruega por nosotros".


Después del Ángelus

Me es grato saludar ahora a cada uno de los peregrinos, familias y personas de lengua española que han participado en esta plegaria en honor de la Madre del Redentor.

La Iglesia celebra hoy la fiesta de Todos los Santos. Los Santos son el Pueblo de Dios redimido por la sangre de Cristo. En medio de esa inmensa multitud de bienaventurados sobresale con luz propia la Virgen María, a la que invocamos como “Reina de todos los Santos”. Con la viva esperanza de que, cuantos vivimos hoy esta realidad cristiana, podamos encontrarnos un día unidos en la Casa del Padre, os bendigo de corazón.

 

© Copyright 1983 - Libreria Editrice Vaticana

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