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JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Domingo 15 de julio de 1984
El Evangelio de este domingo nos
recuerda la parábola del sembrador. Primeramente Cristo anuncia esta
parábola a la multitud concentrada a la orilla del lago y luego la explica a sus
discípulos.
La Palabra de Dios es semejante a la
semilla que el sembrador esparce para que produzca frutos en las almas de
los hombres.
El profeta Isaías ha preparado
ampliamente el terreno para comprender la parábola evangélica. He aquí lo que
leemos en la liturgia de hoy: "Como bajan la lluvia y la nieve desde el
cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de
fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que
come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía,
sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo (Is 55, 10-11); así habla
el Señor.
Nos hemos reunido este domingo para
recitar, juntos, el "Angelus Domini".
Deseamos, con esta plegaria, venerar
la Palabra de Dios operante en el alma de María de Nazaret.
Queremos honrar a María, en la cual se
ha cumplido del modo más perfecto la parábola evangélica, al igual que la
profecía de Isaías. ¡La palabra de Dios sembrada en el corazón de María ha
producido los más bellos frutos!
Al mismo tiempo, deseamos orar a fin de
que la Palabra de Dios produzca sus frutos también en nuestros
corazones de acuerdo con la parábola de Cristo. Y a fin de que no vuelva
"vacía".
Oremos para que el poder salvífico
de la Palabra de Dios sea generosamente acogido en las almas de los hombres.
Oremos para que haya buena cosecha sobrenatural en los corazones.
Después del Ángelus
Un cordial saludo a todas las personas y grupos de lengua
española que han venido para la plegaria del “Ángelus”, y procedente de diversos
países.
A todos os deseo que las vacaciones os sirvan de
descanso físico y a la vez de enriquecimiento espiritual. A vosotros y a
vuestras familias os doy mi cordial Bendición.
© Copyright
1984 - Libreria
Editrice Vaticana
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