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JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Domingo 29 de julio de 1984
También hoy la lectura del Evangelio
según Mateo en la liturgia dominical nos recuerda la verdad sobre el reino de
los cielos, según habló nuestro Señor Jesucristo en algunas de sus
parábolas:
― en la parábola del tesoro
escondido en un campo;
― en la parábola del mercader, que va en
busca de perlas finas;
― en la parábola de la red echada
al mar para la pesca.
Al mismo tiempo leemos en la Carta de
San Pablo a los Romanos esta afirmación: "Hermanos: Sabemos que a los que
aman a Dios todo les sirve para el bien: a los que ha llamado
conforme a su designio" (8 28).
Durante la plegaria del "Ángelus"
nos unimos de modo particular a María, Madre de Cristo. En Ella se ha
cumplido del modo más alto el misterio del reino de los cielos aquí, en la
tierra. En ella se realiza del modo más pleno el misterio del reino de
los cielos. Y también por medio de Ella el Evangelio de Cristo habla a las
generaciones de los hombres, que se renuevan siempre.
Recemos, pues, para que crezca
en cada uno de nosotros ese amor de Dios del que escribe San Pablo. El
amor es la fuente de todos los bienes, porque "a los que aman a Dios todo les
sirve para el bien". El Amor es un don de la gracia divina y al mismo
tiempo contribuye a aumentar la gracia. De este modo se realiza también
nuestra Vocación según el designio de Dios.
Hoy en unión con María imploramos
sobre todo esto para nosotros mismos, para nuestros seres queridos, para
todos los hombres.
Después del Ángelus
Saludo cordialmente a las personas y grupos de lengua española
venidos a Castelgandolfo para este momento de plegaria.
María Santísima, la Madre de Cristo, nos da ejemplo de entrega
total al reino de Dios en la tierra. Y a través de Ella el Evangelio de Jesús
habla a cada generación de hombres. Que aprendamos de Ella a amar a Dios y
crecer en la vida de gracia. A vosotros y vuestros seres queridos os bendigo de
corazón.
© Copyright
1984 - Libreria
Editrice Vaticana
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