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VISITA PASTORAL A VITERBO
JUAN PABLO II
REGINA COELI
Domingo 27 de mayo de 1984 Palacio de los Papas
Queridísimos hermanos y hermanas en
Cristo:
1. Es la hora de honrar a la Virgen
María con el rezo del "Regina coeli". Quisiera que la alabanza mariana que vamos
a elevar fuese, ante todo, una ferviente gratitud a Aquella a quien la Iglesia
venera como la Madre Santísima del Redentor; a Aquella, a quien la Iglesia,
Cuerpo místico de Cristo, considera también como su Madre; a Aquella que en
Viterbo ha dejado a lo largo de los siglos tantos signos de su materna, amorosa
protección.
Las crónicas de Viterbo cuentan que en
agosto de 1467, toda la Etruria Meridional fue azotada por el flagelo de la
peste. 30.000 personas se reunieron en el Campo Graziano e invocaron la
protección de la Virgen María sobre la ciudad de Viterbo. La peste cesó y no
muchos días después, volvieron 40.000 personas a darle las gracias. Como signo
visible de gratitud, surgió el santuario de la Encina, tan venerado y honrado
por los fieles de esta región y también por los Sumos Pontífices.
He querido evocar este acontecimiento
histórico para poner de relieve que Viterbo es y se reconoce como ciudad
mariana, por lo que deseo exhortaros a intensificar vuestra devoción a María
Santísima, escudo y defensa también contra los males de la sociedad de hoy. Ella
os acompañe y os proteja.
2. Os invito a poner también en sus
manos las vocaciones sacerdotales y religiosas de vuestra ciudad y diócesis. Sé
que están aquí presentes las familias de los seminaristas de la región de
Viterbo. Al saludarlas, en nombre de la Iglesia doy las gracias a estos padres
que dejan a sus hijos seguir la divina llamada y los exhorto a sostenerlos con
la oración y el ejemplo hasta la meta del sacerdocio, e incluso después. Al
mismo tiempo hago extensiva a las comunidades de Tuscania, Montefiascone,
Acquapendente y Bagnoregio la invitación a dirigirse a María "Reina de los
Apóstoles" para que ilumine, proteja y defienda a las familias cristianas, de
donde toman la primera linfa vital las vocaciones sacerdotales y religiosas.
Toda la Iglesia necesita de almas
generosas que acepten gastar totalmente sus energías por el Evangelio. Se trata
de un problema que implica a todos, porque, especialmente, de su presencia
depende la animación cristiana de la sociedad. Se trata de un problema
fundamental para la Iglesia, cuya solución representa la verificación de su
vitalidad espiritual y, a la vez, la condición misma de esa vitalidad; la
condición de su misión y desarrollo.
En la alegría pascual, contemplamos a
María, "Reina del cielo", al lado de su Hijo glorificado; pidámosle hoy y
después por las vocaciones en vuestras comunidades y en toda la Iglesia: que las
suscite en gran número y obtenga para ellas las luces del Espíritu Santo.
Regina coeli...
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1984 - Libreria
Editrice Vaticana
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