JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Domingo 26 de enero de 1986
1. Dentro de unos días, precisamente el
viernes próximo, 31 de enero, comenzaré mi viaje apostólico a India y tendré la
alegría de visitar diversas ciudades de ese gran país.
Se trata de la segunda nación del mundo
por el número de habitantes (cerca de 730 millones). India es un país de
culturas milenarias, que han encontrado expresiones artísticas, literarias,
lingüísticas, filosóficas y sociales de primerísimo orden, y que todavía
permanecen vivas. Abriéndose a la modernidad y tratando de resolver los muchos
problemas de desarrollo, ha sabido respetar tal pluralismo cultural.
Esta noble nación es conocida también
por sus religiones: el hinduismo lo practican la mayoría con varias formas y
tradiciones; el sijismo, el budismo y el jainismo están difundidos en muchas
regiones. Allí han encontrado también hospitalidad además el islamismo y el
zoroastrismo.
También el cristianismo está allí
presente desde los tiempos apostólicos. Las comunidades cristianas de India
Meridional se glorían justamente con el nombre de "cristianos del apóstol Santo
Tomás". La acción de celosos misioneros hizo luego presente a la Iglesia en
varias partes del país; aun cuando los cristianos sean una íntima minoría, no
obstante son activos y apreciados por la obra que ejercen, sobre todo en el
campo educativo, hospitalario y asistencial.
2. Esta convivencia de culturas y
religiones, de atención a los valores espirituales y a las necesidades de los
hombres y de la sociedad ha facilitado la aparición de hombres ya conocidos por
todas partes como Gandhi, padre de la nación india y promotor de los derechos
humanos mediante métodos pacíficos.
Voy a India como peregrino de paz, y
como Pastor que tiene el mandato de confirmar a los hermanos en la fe (cf. Lc
22, 32), en la unidad eclesial y en su testimonio de Cristo. En ese gran país,
donde la peregrinación es expresión y medio de espiritualidad, quiero manifestar
respeto, estima y estímulo a todos los que buscan a Dios, que se esfuerzan en la
búsqueda de la perfección, que trabajan en el servicio a los hermanos y en la
construcción de la paz y de la justicia.
Os pido que me acompañéis con vuestra
oración y ofrezcáis vuestros sacrificios por el buen resultado de este viaje,
que pongo ya desde ahora bajo la protección de la Virgen, Madre de la Iglesia.
© Copyright 1986 - Libreria Editrice Vaticana
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