JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Domingo 23 de noviembre de 1986
Wellington, Nueva Zelanda
1. Al final de esta Misa en honor de
Cristo Rey, dirigimos nuestros pensamientos por un momento a su Bendita Madre,
unidos en la oración del Ángelus.
Esta bella oración empieza con las
palabras: "El Ángel del Señor anunció a María". Dios Padre toma la iniciativa
y envía su mensajero para invitar a María a ser la Madre de su Hijo amado. San
Lucas nos narra: "El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de
Galilea llamada Nazaret, a una Virgen desposada con un hombre llamado José, y el
nombre de la Virgen era María" (Lc 1, 26-27).
2. El momento más grande en la vida de
María empezó con la iniciativa de Dios. A través del ángel Gabriel, Dios
invita; y con espontánea simplicidad María responde. Dios propone y
María acepta. "Fiat", dice Ella: "Hágase en mi según tu palabra" (Lc 1,
38). Este es el momento en que María se convirtió en Madre de Dios. Este es el
punto crucial de la historia entera de la raza humana, el momento en que
Dios se hizo hombre. Este es el modo como la Virgen María dio su consentimiento
al misterio de la Encarnación, el modo por el que consintió convertirse en la
Madre de Dios.
3. En la historia de la salvación y en las
vidas de cada uno de nosotros, Dios está continuamente tomando la iniciativa,
pidiéndonos responder con fe, invitándonos a dar nuestro consentimiento. Es
Dios quien toma la iniciativa porque es Dios quien dirige el curso de la
historia. Como el Señor dice por medio del Profeta Jeremías: "Yo sé los
pensamientos que tengo en mente acerca de vosotros... pensamientos de paz,
no de aflicción, de daros un porvenir y una esperanza" (Jer 29,
11).
4. Rezamos el Ángelus con el
deseo de parecernos más a María, de tener una profunda confianza en los planes
de Dios para con nosotros, una gran confianza en su amorosa Providencia.
Y deseamos decir con Ella: "Hágase en mí según tu palabra". Debemos responder
con fe y esperanza a la gran revelación del amor que Dios tiene al mundo.
5. Al decir esta oración a la bendita
Virgen María, deseo poner bajo su amorosa protección a toda la Iglesia en
Nueva Zelanda. Encomiendo a su cuidado a todos los amados fieles de esta
tierra, junto con sus obispos, sacerdotes y religiosos. Te ruego, Santa Madre de
Dios, que ayudes a los pobres y a los que sufren, que obtengas perdón para los
pecadores, que procures alegría a los afligidos y conduzcas a todos tus hijos e
hijas de Nueva Zelanda a la felicidad de la vida eterna, con los ángeles y los
santos, en el reino de Jesús, tu Hijo. Amén.
© Copyright 1986 - Libreria Editrice Vaticana
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