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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 20 de abril de 1986

 

1. "Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho" (Jn 14, 26).

Cristo dijo estas palabras la víspera de su pasión y muerte en la cruz, cuando se acercaba el momento de despedirse de los Apóstoles.

Recordamos estas palabras ahora, después de la resurrección, en el período de Pascua. En efecto, este período precisamente es el tiempo en el que se debe cumplir de modo definitivo la promesa del Espíritu Santo, hecha a los Apóstoles antes de Pascua.

Ya la tarde del día de la resurrección, Cristo "da" a los Apóstoles, reunidos en el Cenáculo, el Espíritu Santo. Dice: "Recibid el Espíritu Santo" (Jn 20, 22). Lo trae a la Iglesia como Don. El mismo Espíritu Santo se revelará en el acontecimiento de Pentecostés como Don dado a la Iglesia.

Es preciso que nosotros, durante estos días y estas semanas, adquiramos una conciencia especial de todo lo que une, de manera más profunda, el acontecimiento pascual con Pentecostés.

2. Cristo habla a los Apóstoles sobre el Espíritu Santo: "Él os enseñará todo y os recordará todo lo que os he dicho".

Así, pues, la enseñanza apostólica, la enseñanza de la Iglesia está siempre arraigada en esta vigilante presencia del Espíritu de Verdad. Él es quien asegura la continuidad del Evangelio. Él vigila para que la Iglesia transmita de generación en generación lo que ha oído a Cristo: lo que "yo os he dicho".

Él ―el Espíritu Santo, Espíritu de Verdad― es la fuente invisible de esa "memoria" de la Iglesia que se manifiesta en la Tradición: Él "os recordará", dice Jesús. Tradición es la memoria, es "el recordar" todo lo que Cristo ha dicho a la Iglesia: toda la herencia de la Revelación y de la fe.

"La Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura ―advierte el Concilio Vaticano II― están estrechamente unidas y compenetradas; manan de la misma fuente, se unen en un mismo caudal, corren hacia el mismo fin" (Const. Dei Verbum, 9).

3. En ellas se manifiesta, a través de los siglos y las generaciones. La presencia de Cristo - Buen Pastor. Este domingo de Pascua es el domingo del Buen Pastor, y está dedicado a la oración por las vocaciones.

El Buen Pastor "da la vida por sus ovejas" (Jn 10, 11). Por medio de su sacrificio salvífico da la Vida a las ovejas, nos transmite la Vida con la fuerza del Espíritu Santo. La Vida sobrenatural: la Vida de la fe, de la esperanza y del amor, que es la participación en la Vida de Dios mismo.

El Buen Pastor sigue a lo largo de los siglos su obra en favor nuestro mediante aquellos a quienes llama a ser ministros de su gracia.

El día de hoy quiere hacernos conscientes de nuestra responsabilidad de colaborar, en primer lugar con la oración, a la promoción de las vocaciones sacerdotales y religiosas.

En unión con María, elevemos todos al Señor una invocación especial para implorar que conceda a su Iglesia muchos y santos sacerdotes.

 

© Copyright 1986 - Libreria Editrice Vaticana

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