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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Jueves 1 de enero de 1987
Solemnidad de Santa María Madre de Dios
Día mundial de la Paz

 

1. "Salvum fac populum tuum, Domine, et benedic hereditati tuae".

Ayer, al clausurar el año viejo en la iglesia del "Gesù", cantamos a Dios este himno de gloria y de acción de gracias.

"Te Deum laudamus... Te aeternum Patrem... Venerandum tuum verum et unicum Filium... Sanctum quoque Paraclitum Spiritum..."

Hoy, repetimos con alegría este himno, para decirle a Dios, Creador y Señor de todo lo que existe:

Tú eres nuestro Padre, nosotros somos tu heredad.

2. El Ángel del Señor llevó el anuncio a María. Y Ella concibió por obra del Espíritu Santo.

Somos tu heredad mediante el Hijo.

En el misterio de la Navidad del Señor se presentó en medio de nosotros Aquél que es en Dios "primogénito de toda criatura" (Col 1, 15).

El Padre lo constituyó eternamente "heredero de todo y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo" (cf. Heb 1, 2).

En el misterio de su nacimiento terreno este Hijo, que es el Verbo del Padre, que es la eterna "impronta de su sustancia" (Heb 1, 3), se presentó en medio de nosotros como hombre.

Por Él con Él y en Él nos hemos hecho hijos adoptivos.

Por Él con Él y en Él participamos en la herencia de Dios Eterno.

3. Hoy, al comienzo del nuevo año, el Hijo de María recibe un Nombre. Este nombre le fue dado en la Anunciación. Es el nombre de "Jesús", es decir "el Salvador".

En el umbral del año del Señor 1987 recemos juntos a la Virgen María:

"Salvum fac populum tuum".

Abraza con la fuerza del Salvador este tiempo que está ante nosotros.

No permitas que disipemos tu herencia, que está en nosotros y en el mundo.

No permitas que el mal supere el bien.

Haz que multipliquemos el bien en el mundo, que has creado para nosotros.

Benedic hereditate tuae!

4. Confío esta invocación a María, honrada hoy solemnemente como Madre de Dios. La intercesión de la Virgen, suave testigo del Amor infinito, que en Ella ha germinado para llevar al mundo la justicia de Dios, haga habitar a Cristo en nuestros corazones con el don de la caridad.

Este auténtico principio de vida que ilumina y sostiene las relaciones de convivencia respetuosa, abra el espíritu de cada hombre a sentimientos de concordia para un solidario camino de paz, en este año nuevo, que deseo sea para todos feliz y rico en consuelos.

Que la bendición del Omnipotente transforme este deseo y esta oración en la riqueza de sus dones.

 

© Copyright 1987 - Libreria Editrice Vaticana

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