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JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Domingo
13 de diciembre de
1987
1. Nuestra peregrinación espiritual de
hoy se dirige al santuario de la Virgen de Guadalupe, que se encuentra en ciudad
de México, en el cerro del Tepeyac. Es el centro mariano más famoso de toda
América, uno de los más visitados en todo el orbe católico.
Su origen se sitúa en el alba de la
evangelización del Nuevo Mundo, cuando los creyentes en el Evangelio eran
todavía una pequeñísima grey. La Virgen Santa se apareció en aquellos años a un
indio campesino, Juan Diego, y lo envió al obispo, del lugar para manifestarle
su deseo de tener allá arriba, sobre la colina, un templo dedicado a Ella. El
obispo, antes de hacer caso al mensaje, pidió una "señal". Y entonces Juan
Diego, por orden de la "Señora de los cielos", fue a coger un ramo de rosas, en
el mes de diciembre, sobre la árida colina, a dos mil metros de altura. Habiendo
encontrado, con comprensible sorpresa, las rosas, se las llevó. Fue entonces
cuando en la rústica tilma del indio, tejida con fibras vegetales, se vio la
imagen que hoy se venera con el nombre de Nuestra Señora de Guadalupe.
Representa a María como una joven mujer de rostro moreno que lleva en el seno al
Hijo divino a punto de nacer. Ella es quien lo da al mundo para la salvación de
todos.
2. María dijo a Juan Diego, y hoy lo
repite a todos los cristianos: "¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás
bajo mi sombra? ¿No estás, por ventura, en mi regazo?". La Virgen se presentaba
así como Madre de Jesús y Madre de los hombres.
De hecho, con la aparición de María en
el cerrillo del Tepeyac, comenzó en todo el antiguo territorio Azteca un
movimiento excepcional de conversiones al Evangelio, con repercusiones en toda
América Centro-Meridional, y hasta el lejano archipiélago de Filipinas. Por eso,
en mi primer viaje a aquel continente, llamé a Nuestra Señora de Guadalupe
"Estrella de la Evangelización" y " Madre de la Iglesia en América Latina".
3. La Virgen de Guadalupe sigue siendo
aún hoy el gran signo de la cercanía de Cristo, al invitar a todos los hombres a
entrar en comunión con Él, para tener acceso al Padre. Al mismo tiempo, María es
la voz que invita a los hombres a la comunión entre ellos, dentro del respeto de
los recíprocos derechos y con una justa coparticipación de los bienes de la
tierra.
Hoy le pedimos a la Virgen que indique
a la Iglesia los caminos mejores que hay que recorrer para realizar una nueva
evangelización, te imploramos la gracia de servir a esta causa sublime con
renovado espíritu misionero.
A María le pedimos también que sostenga
el esfuerzo de cuantos trabajan por la consolidación de la justicia y de la
solidaridad en las relaciones entre los hombres, pues Dios quiere hacer de ellos
una única familia en Cristo.
© Copyright 1987 - Libreria Editrice Vaticana
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