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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 5 de marzo de 1989

 

Queridísimos hermanos y hermanas:

1. En este encuentro cuaresmal nuestro para la oración mariana del Ángelus, el pensamiento se dirige al cuarto misterio doloroso del santo Rosario: Jesús camino del Calvario.

Nuestra meditación se detiene ante todo en lo que determinó aquel itinerario demoledor: la condena a muerte de Jesús. San Lucas escribe: "Los sumos sacerdotes, las autoridades y el pueblo... pedían que le crucificara... (Pilato) se lo entregó a su voluntad" (23, 13. 23. 25b).

"Entregar", "abandonar", "ser entregado", son los términos que aparecen en el relato. Traducen los vocablos latinos tradere y traditum, verbos en los que se reflejan tanto el gesto de pusilanimidad y de injusticia de Pilato como el designio del Padre y la voluntad amorosa del Hijo que acepta "ser entregado" para la salvación del mundo.

2. A lo largo de la vía dolorosa, el Evangelista San Lucas nos ofrece, además, modelos que nos enseñan a vivir cada día, la pasión de Jesús corno itinerario hacia la resurrección.

El primer ejemplo lo constituye Simón de Cirene, que "venía del campo y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús" (Lc 23, 26). No es relevante sólo el hecho de llevar la cruz. Muchísimas personas sufren dramáticamente en el mundo: cada pueblo, cada familia tiene sobre sus propias espaldas dolores y fardos que llevar. Lo que da la plenitud de significado a la cruz es llevarla detrás de Jesús, no en un camino de angustiosa soledad o de rebelión, sino en un camino sostenido y vivificado por la presencia divina del Señor.

3. El segundo ejemplo nos lo da la "gran multitud de pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por Él (por Jesús)" (Lc 23, 27). No basta compartir con palabras compasivas o lágrimas: es necesario tomar conciencia de la propia responsabilidad en el drama del dolor, especialmente en el del inocente. Esto induce a asumir la parte propia para dar una contribución eficaz en el alivio.

Las palabras de Jesús no dan pie a estériles sentimentalismos, sino que invitan a una lectura realista de la historia de cada individuo y de las comunidades. "Si en el leño verde hacen esto, en el seco, ¿qué se hará?" (Lc 23, 31). Si el inocente por excelencia es dañado de esta forma, ¿qué sucederá a quien es responsable del mal que se realiza en la historia de los individuos y de las naciones?

4. Que el doloroso camino de Jesús, el Vía Crucis, sea para nosotros una preciosa llamada a reconocer el valor de nuestro sufrimiento diario; una enseñanza que no se esquive con pretextos oportunistas o inútiles mixtificaciones; un estímulo a hacer de él, por el contrario, un don a Aquel que nos ha amado (cf. Rm 8, 37), con la certeza de que así se establece una nueva cultura del amor y se colabora a la acción divina de la salvación.

María, que junto con las mujeres ha seguido a Jesús en la vía de la cruz y a la que encontraremos en el Calvario, sea nuestro modelo en esta donación de nosotros mismos: que nos ayude a comprender el valor de nuestro sufrimiento y a ofrecerlo al Padre en unión con el de Cristo.


Después del Ángelus

Dirijo mi más cordial saludo a la numerosa peregrinación que integran diversas comunidades neocatecumenales de la diócesis de Barcelona, que han querido venir a Roma, centro de la catolicidad, para hacer su profesión de fe ante la tumba del Apóstol Pedro, y expresar su filial adhesión y cercanía a esta Sede Apostólica.  

Os aliento, queridos hermanos y hermanas, a ser siempre testigos de los genuinos valores del Evangelio en la sociedad española, reafirmando vuestro camino de fidelidad a Jesucristo y a su Iglesia.

A todos bendigo de corazón.

© Copyright 1989 - Libreria Editrice Vaticana

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