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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Martes 15 de agosto de 1989
Fiesta de la Asunción de María

 

Muy queridos hermanos y hermanas:

1. En esta festividad de la Asunción de María deseo dirigirme espiritualmente en peregrinación a los diversos santuarios marianos católicos y ortodoxos del Líbano, nación desde hace demasiados años forzada a soportar divisiones y pruebas, y víctima estos días de inhumanos bombardeos.

Me postro con el espíritu en Balamand, Bikfaya, Bzommar, Kannubin, Ksara, Magdouché, Zahlé y sobre todo en Harissa, que domina la ciudad de Jounieh, con la altísima estatua de la Virgen que desde arriba parece ofrecer a todos su materna protección.

Esa venerada imagen es símbolo de ternura y signo de esperanza para cuantos hoy son objeto de crueles y salvajes ataques diarios.

2. Frente a los ojos de todo el mundo se está consumando un proceso que implica la responsabilidad de toda la sociedad internacional. Es el proceso que está llevando a la destrucción del Líbano.

En realidad, nos encontramos frente a una amenaza para todo el orden de la vida internacional. Es una amenaza de naturaleza moral, mucho más dolorosa porque es un Estado más débil el que sufre la violencia o la indiferencia de los más fuertes. De hecho, también para la vida internacional vale el principio según el cual no es lícito producir daño al más débil, no es lícito matar al más débil. Quien obra así, es culpable tanto ante Dios, Juez supremo, como ante la justicia de la historia humana.

La culpa moral grava también sobre todos aquellos que, en tales situaciones, no defienden a los débiles, mientras podrían y deberían hacerlo.

3. Desde Beirut los atormentados habitantes escriben: "Desde nuestros refugios subterráneos, bajo el silbido de los cohetes y la explosión de las bombas que sacuden nuestros inmuebles aún en pie, nosotros gritamos hacia vosotros nuestro 'de profundis' ".

En el nombre de Dios me dirijo a las autoridades sirias pidiendo que cesen los bombardeos que pretenden destruir la capital del Líbano y todo el país. No hay que asumir la actitud de Caín, que se hizo culpable de la muerte de su hermano.

4. Hoy es la solemnidad de tu Asunción, oh María, Madre del Redentor, Madre de las naciones y de los pueblos, Madre del Líbano.

En este día te repetimos el "De profundis" de nuestros hermanos y de nuestras hermanas de Beirut.

¡Nuestra Señora de Harissa, a ti gritamos implorando la salvación del Líbano!

5. Más de una vez he deseado acudir al Líbano. Cada día en mis oraciones me encuentro en peregrinación allá. Por lo que se refiere a mi presencia física en la región y a mi ministerio pastoral entre aquellos hermanos, me han aconsejado que lo posponga por el momento a causa de la situación, que estos días ha empeorado. Sin embargo, precisamente ahora con mayor razón, siento el interior imperativo de dirigirme al Líbano.

Pido para que no se me interpongan dificultades en el cumplimiento de este ministerio pastoral.


Después del Ángelus

Me complace saludaros amadísimos hermanos y hermanas, en este día dedicado a la Virgen María, en el que América Latina y España honran solemnemente a su Reina y Señora. Que la Asunción de la Santa Madre de Dios, la que nos ha precedido en el camino de la fe, nos haga tomar conciencia de la necesidad de seguir más fielmente a Cristo.

Con afecto os imparto la Bendición Apostólica, que extiendo a vuestros seres queridos y a cuantos se han unido a nuestra plegaria, a través de la radio o la televisión.

 

© Copyright 1989 - Libreria Editrice Vaticana

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