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VISITA PASTORAL A PISA, VOLTERRA Y LUCCA

JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Pisa, domingo 24 de septiembre de 1989

 

"Protege, Virgo, Pisas".

1. Con esta invocación, que destaca a los pies del venerado icono de la "Madonna di sotto gli Organi" que se conserva en la catedral, me dirijo hoy a María Santísima juntamente con vosotros, aquí reunidos para la oración del Ángelus. En estas breves palabras recojo las necesidades y las esperanzas de toda la querida población de Pisa y de su territorio.

¡Cuántas veces, a lo largo de los siglos, esta invocación ha subido a los labios de navegantes y viajeros, de padres y madres de familia, de personas simples y de hombres importantes, para expresar la confianza de todo ciudadano de Pisa en la protección de la Virgen Santa sobre la ciudad y sobre sus habitantes! A Ella me dirijo también yo para pedirle que guarde esta Iglesia particular, que le dé vigor y generosidad, que la sostenga en su peregrinación de fe, para que siga dando también hoy, como ha hecho en el pasado, su valiente testimonio de Cristo y de su Evangelio.

2. Acudo con el pensamiento a los numerosos santuarios que la devoción de la Iglesia en Pisa ha erigido a María a lo largo de los siglos. Entre estos, en particular, recuerdo a la "Madonna del Soccorso" de Seravezza, y sobre todo a la "Madonna del Sole" en Pietrasanta, donde surge el nuevo Centro vocacional de esta diócesis, en tierra de Versilia. Con todos vosotros imploro de la Madre del Redentor el don de nuevas vocaciones sacerdotales, tan necesarias y urgentes para la obra de la evangelización.

Ojalá sean numerosos los jóvenes que, guiados por la Virgen Santa, sepan descubrir el significado, el valor, la grandeza y la alegría de una respuesta generosa a la llamada de Cristo. Que María ponga en sus labios, y antes en su corazón, la respuesta que Ella dio: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra". Que esta tierra, que ha conocido en el pasado el florecimiento de tantas vocaciones masculinas y femeninas, vuelva a ser un lugar privilegiado en el que muchos corazones juveniles sepan acoger la invitación interior del Espíritu Santo a seguir a Cristo con un compromiso total.

Al mismo tiempo, pido a María que haga reinar en toda familia la concordia; que ilumine a los hombres de la cultura y de la ciencia en su búsqueda de la verdad; que disponga los espíritus de todos a acoger el mensaje del Evangelio, para encontrar en él esperanza, libertad, espíritu fraterno y fuerza de solidaridad.

3. Oh Madre del Redentor,
con la confianza de los padres,
que quisieron que tu imagen estuviera en la iglesia catedral
para venerarte como protectora segura
de todos los ciudadanos de Pisa,
pongo en tus manos todas las expectativas y las preocupaciones,
los sufrimientos y los gozos
de cuantos viven y trabajan en esta archidiócesis.

Que tu intercesión reanime en el clero
y en las almas consagradas el deseo de santidad
y la voluntad de servir a Cristo en los hermanos;
que avive en los jóvenes
el entusiasmo por los ideales
que hacen grande y hermosa la vida;
que defienda a las personas maduras de la tentación de la desconfianza,
que inclina el espíritu a buscar arreglos;
que obtenga larga vida a los ancianos,
para que puedan hacer partícipes
a las nuevas generaciones de los frutos de su sabiduría.

Concede, oh María,
que, siguiendo tu ejemplo,
todo fiel de esta antigua e ilustre Iglesia
sepa pronunciar, en las diversas circunstancias de la vida,
el fiat de la adhesión pronta y generosa a la voluntad de Dios.

"Protege, Virgo, Pisas". Amén.

 

© Copyright 1989 - Libreria Editrice Vaticana

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