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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 21 de enero de 1990

 

Amadísimos hermanos y hermanas, amadísimos niños:

1. Se está llevando a cabo en el mundo la "semana de oración por la unidad de los cristianos". Quisiera hoy atraer vuestra atención hacia esta iniciativa especialmente importante para la comunidad cristiana, consagrada a dar testimonio de su fe en medio del mundo.

El Señor Jesús ha vinculado a la unidad de sus discípulos la divulgación del Evangelio entre las gentes. La víspera de su pasión y muerte por la redención de los hombres, oró por sus discípulos y por todos los que creerían en Él. Dirigiéndose al Padre celeste pidió explícitamente: "que todos sean uno... para que el mundo crea" (Jn 17, 21).

Por eso, ha sido muy oportuna la elección para esta "semana de oraciones" de ese tema central, con la invitación a todos los cristianos católicos, ortodoxos, anglicanos y protestantes― a unirse a la misma oración de Cristo.

Así pues, en el nombre de Cristo pidamos al Padre el don de la unidad "para que el mundo crea", para que toda la humanidad acoja la palabra de Dios y se transforme en comunidad concorde y pacífica, consagrada en la verdad.

2. La comunidad cristiana en su conjunto está empeñada en este camino y se están realizando verdaderos progresos. Hoy quisiera también presentar a vuestra oración una intención especial. He enviado estos días a Moscú una delegación, que se ha reunido con los representantes del Patriarcado ortodoxo con el fin de encontrar juntos la manera de resolver, en la fraternidad, los problemas que se plantean en Ucrania occidental. Es mi firme deseo que se evite todo lo que pueda servir de obstáculo o lo que sea contrario al actual esfuerzo de reconciliación y de renovada y más profunda fraternidad.

Este año faltaré a una cita que me es muy querida. A causa de mi próximo viaje a África no podré estar presente, como he hecho todos los años, en la basílica de San Pablo extramuros para presidir la solemne celebración conclusiva de la "semana de oraciones", el jueves próximo, 25 de enero. Sin embargo, invito a los fieles a tomar parte en la celebración, que estará guiada por el cardenal Johannes Willebrands.

Yo estaré presente con el pensamiento y con la oración, para que esta manifestación visible de nuestra voluntad de orar por la unidad de los cristianos se añada a aquellas que, en todo el mundo, verán unidos y concordes a los cristianos en su compromiso ante Dios de obrar y orar por el restablecimiento de la unidad.

3. Encomendemos, en este momento, nuestra oración a la Virgen Santísima, pidiéndole que haga valer su celeste intercesión ante su Hijo. Frente a Ella, Madre de Cristo y Madre nuestra, nos sentimos verdaderos hermanos y hermanas en el ámbito del pueblo mesiánico en camino hacia la común patria del cielo. Que María acelere el momento en que todos los creyentes den testimonio, dentro de la comunidad plena, de su fe en el único Señor, el Hijo de Dios, concebido en su seno virginal por obra del Espíritu Santo.

 

© Copyright 1990 - Libreria Editrice Vaticana

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