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VIAJE APOSTÓLICO A TANZANIA, BURUNDI, RWANDA Y YAMOUSSOUKRO

JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Dar-es-Salaam (Tanzania)
Domingo 2 de septiembre de 1990

 

Queridos hermanos y hermanas:

Ahora que estamos llegando a la conclusión de esta liturgia solemne, nos dirigimos a la Bienaventurada Virgen María, Madre del Redentor, para consagrar nuevamente vuestro país a su protección maternal.

Santa María, Madre de la Iglesia, Madre de toda la humanidad: Yo, Juan Pablo II, sucesor del apóstol Pedro, consagro al pueblo de Tanzania a tu protección amorosa.

Como devotos hijos e hijas tuyos, renuevan su consagración a ti como pueblo y nación joven en este continente de promisión. Sobre sus esperanzas y aspiraciones legítimas, presentes y futuras, invoco tu intercesión poderosa como Madre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Madre de la Sagrada Familia de Nazaret, tú eres también la Madre de “la Iglesia doméstica”. Imploro tu ayuda para las familias de tu devoto pueblo tanzano. Confórtalo en su sufrimiento y fortalécelo con la luz, la alegría, la serenidad y la valentía que caracterizaron tu vida familiar con Jesús y José.

Santa María, Madre de Dios, te confío fervorosamente la vida de la Iglesia en Tanzania. Encomiendo a tu solicitud a cada una de las Iglesias locales a fin de que, reunidas por sus pastores en el Espíritu Santo y mediante el Evangelio y la Eucaristía, reflejen verdaderamente la presencia de la Iglesia de Cristo, una, santa, católica y apostólica. Asiste con tu amor maternal a los obispos, sacerdotes y religiosos con el objeto de que vivan generosa y plenamente la vocación que han recibido en el corazón de la Iglesia, de servir al pueblo de Dios y de testimoniar la verdad y las exigencias morales del reino de Cristo.

Recuerda especialmente a los que han sido ordenados sacerdotes hoy, para que puedan ser servidores y heraldos dignos del Evangelio.

Reina de la Paz, acoge las oraciones de tu pueblo fiel de Tanzania en favor de la paz y la armonía en su propio país y en todo el continente africano. Muéstrale el camino del perdón y la reconciliación en sus familias y en la vida política y social. Que todos los tanzanos sepan cómo aceptarse unos a otros en el respeto mutuo y la verdad, trabajando infatigablemente en pos del desarrollo de su país, en la justicia universal y la solidaridad.

María, Madre nuestra, acepta esta consagración y alcánzanos lo que te pedimos del Corazón de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Amén.

 

© Copyright 1990 - Libreria Editrice Vaticana 

 

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