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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Miércoles 26 de diciembre de 1990
Fiesta de San Esteban

 

Amadísimos hermanos y hermanas:

Está aún vivo en nuestro espíritu el eco espiritual del acontecimiento extraordinario que ayer celebramos solemnemente: el "Verbo se hizo carne y puso su morada entre nosotros" (Jn 1, 14).

Recordando siempre la misericordia divina que se manifestó en Cristo a la humanidad entera, os ofrezco a todos mi afectuoso saludo y os invito a perseverar en la alabanza al Señor, en la acción de gracias y en la alegría.

Os exhorto también a permanecer en devota adoración, junto a Jesús Niño, con el respeto y el estupor de los pastores.

Vayamos a Él con confianza; acojamos con generoso abandono sus providenciales designios.

Nos sirva de modelo y de estímulo san Esteban, el protomártir cuya fiesta celebramos hoy. Como él, con su misma entrega y su misma certeza de fe, sed siempre claros e intrépidos testigos del Evangelio. San Esteban no vaciló en dar su vida por el Hijo de Dios hecho hombre. Su valor es una invitación y un apoyo para cuantos han sido llamados, también hoy, a creer en Cristo y a recorrer el camino de la santidad.

Renuevo a todos y cada uno de vosotros mis mejores votos de felices fiestas navideñas, deseándoos que paséis estos días de descanso en la serenidad de vuestras familias. Con la oración del Ángelus, os encomiendo a María, Madre del Redentor y Reina de los mártires.

 

© Copyright 1990 - Libreria Editrice Vaticana

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