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BEATIFICACIÓN DE 12 SIERVOS DE DIOS

JUAN PABLO II

REGINA COELI

Domingo 29 de abril de 1990

 

Prima della preghiera “Regina Coeli”, desidero esprimere il mio saluto a tutti i presenti in questa piazza San Pietro e a quanti ci ascoltano per radio o televisione. In queste domeniche dopo Pasqua, viviamo la esaltante esperienza spirituale della risurrezione di Cristo. Auguro che si ripeta in ciascuno ciò che avvenne lungo il cammino di Emmaus. Sull’esempio dei Beati, saliti oggi agli onori degli altari, siate anche voi testimoni del Risorto con la vostra fede e con il vostro generoso impegno cristiano.

Il mio saluto va in particolare ai Padri Capitolari della Società di San Giovanni Bosco e a tutti gli appartenenti alla grande Famiglia Salesiana, che oggi vivono una gioiosa giornata, prendendo parte alla Beatificazione del loro confratello Don Filippo Rinaldi.

Saluto altresì tutti i gruppi che, per l’occasione, sono giunti da varie regioni d’Italia e dall’estero. A tutti auguro una buona domenica.

Me complace saludar ahora a los peregrinos llegados de España y de otros países, para participar en la solemne Beatificación de once mártires españoles y de un sacerdote italiano.

Mi saludo se dirige de modo especial a los Hermanos de las Escuelas Cristianas, a los Religiosos Pasionistas y a las Religiosas de la Compañía de Santa Teresa de Jesús, así como a los numerosos grupos de las arquidiócesis de Oviedo, Barcelona y Tarragona, lugares donde nuestros Beatos transcurrieron gran parte de su vida y consiguieron la palma del martirio.

Este significativo acontecimiento eclesial tiene que ser una llamada a todos para que, a semejanza de los nuevos Beatos, viváis y deis testimonio coherente de vuestra fe cristiana.

Al agradeceros vuestra presencia en esta celebración os imparto con afecto mi Bendición Apostólica.

* * *

Llamamiento

Deseo ahora invitaros a uniros conmigo, espiritualmente, a los hermanos de Jerusalén-Este, especialmente a los responsables de aquellas venerandas Iglesias cristianas. Los graves sucesos acaecidos recientemente la Ciudad Santa, que han llevado a la dolorosa decisión de cerrar temporalmente los lugares santos, y en particular la basílica del Santo Sepulcro, son también para mí motivo de sufrimiento y de profunda preocupación. Oremos para que todos se interesen por buscar soluciones inspiradas en la justicia y en el respeto a los derechos.

Que el Señor, por intercesión de María Santísima, dé paz a aquella ciudad, santa por excelencia, y querida a las tres religiones monoteístas.

 

© Copyright 1990 - Libreria Editrice Vaticana 

 

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