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JUAN PABLO II ÁNGELUS
1. Antes del rezo del Ángelus, deseo dirigir un pensamiento a los numerosos jóvenes que han tomado parte en esta liturgia solemne del Domingo de Ramos, celebrando así también la Jornada mundial de la Juventud. Gracias, queridos jóvenes, por vuestra participación tan espontánea y viva. ¡El Papa cuenta con vosotros! ¡Sed siempre fieles a Cristo, Redentor y Maestro! Él posee la clave de vuestra vida y de toda la historia humana, pues ha dicho: "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Jn 14, 6). El mensaje de Cristo es exigente, pero es el único que permite realizar plenamente la aspiración a la verdad y el bien, que vibra dentro de nosotros. 2. "Recibisteis un espíritu de hijos" (Rm 8, 15). Estas palabras del apóstol Pablo, que constituyen el tema de la próxima Jornada mundial de la Juventud, nos comprometen a acoger con sentido de responsabilidad toda la herencia encerrada en la filiación divina que se nos ha dado en el bautismo. Esta herencia comprende, asimismo el amor recíproco, el sentido de la solidaridad y la pasión por la paz. ¡Cuán actual es este mensaje para nuestra época, lacerada profundamente a causa de guerras, discordias y violencias de todo tipo! A todos los cristianos, a todos vosotros, queridos jóvenes, corresponde la tarea de recordar a la humanidad, con la palabra y el ejemplo, que Dios es Padre de todos y que todos nosotros somos hermanos. 3. Desde ahora os doy cita en Czestochowa, donde nos espera la Virgen en su antiguo santuario sobre la colina de Jasna Góra. ¿Quién puede enseñarnos mejor que ella lo que significa haber recibido "un espíritu de hijos"? ¿Quién puede educarnos a vivir entre nosotros un espíritu auténtico de familia? Encomiendo a su corazón de Madre, que abraza a todos y a cada uno, la preparación y el desarrollo de la próxima Jornada mundial de la Juventud. Virgen negra de la "Montaña clara",
* * * Después del Ángelus Vaya ahora mi saludo cordial a los numerosos grupos de jóvenes
que, procedentes de tantos lugares de España y de algunos Países de América
Latina, se han dado cita en la Plaza de san Pedro, en este Domingo de Ramos. Os
aliento, queridos chicos y chicas, a ser siempre testigos del Evangelio y
sembradores de esperanza para que nuestro mundo sea más pacífico, justo y
fraterno. Llevad también el saludo del Papa a vuestros familiares, a vuestros
compañeros y amigos. A todos bendigo de corazón.
© Copyright 1991 - Libreria Editrice Vaticana
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