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VISITA PASTORAL A MANTUA
JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Domingo 23 de junio de 1991
1. "El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido
en un campo" (Mt 13, 44). Así habla Jesús del reino de Dios en el texto
evangélico que la liturgia de hay nos proponía hace poco. Quien lo encuentra, lo
vende todo para adquirirlo, lo abandona todo para poseerlo.
Amadísimos hermanos, el pensamiento se dirige inmediatamente a san
Luis Gonzaga y al ejemplo que nos dejó. Ayer, que conmemoraba en Castiglione
delle Stiviere el cuarto centenario de su muerte, recordé que su vida fue
plenamente realizada porque vivió en total y constante fidelidad a Dios, en el
cumplimiento generoso de la voluntad divina. Su existencia fue un "sí"
sin reservas a Cristo, renovado en el gozo y en el dolor, imitando a María, la
Virgen de la Anunciación.
2. ¡Cómo no pensar que ya a la edad de diez años, en la
Iglesia de la Anunciación de Florencia, se ofreció totalmente a Dios! El "Fiat"
de María se convirtió en su "Fiat"; se encomendó a sus cuidados de Madre
y, como hijo obediente, siguió sus huellas con humildad y dócil abandono.
María, Virgen Madre de Dios, nadie que haya acudido a ti ha quedado
defraudado. Lo atestiguan los signos de tu providencial intervención en el
pueblo cristiano. Habla de ti la piedad popular tan arraigada y fuerte aquí en
Mantua, donde, según una antigua tradición, nació la práctica del "mes de mayo".
Lo demuestran los numerosos santuarios, iglesias y capillas, que en esta zona se
han erigido en tu honor.
Entre estos elocuentes monumentos de una secular devoción se
distinguen la capilla de la bienaventurada Virgen Coronada en la catedral de
Mantua; el santuario de la bienaventurada Virgen de las Gracias; y el de la
Virgen de la Comuna, cerca de Ostiglia. Y, en el ámbito de la diócesis, el
santuario de la Virgen de la Pieve, cerca de Cavriana, el de la Virgen del
Dosso, cerca de Casalmoro, el de la Virgen de la Possenta, cera de Ceresara; el
de la Virgen de la Malongola, cerca de Casalromano.
3. Habla de María también el "Palacio de la Razón" con esta
antigua Torre del Reloj, en la que se halla colocada la estatua de la
Inmaculada. Precisamente desde aquí me dirijo a vosotros. Extendiendo la mirada
desde esta histórica Piazza delle Erbe hasta la ciudad, el pensamiento se dirige
a todos vosotros, ciudadanos de Mantua y de la diócesis mantuana, para
recordaros que vuestra existencia diaria está acompañada y marcada por la
protección de la Madre de Dios. María vela por vuestras familias, por vuestras
ocupaciones. Vela por los que cada día llegan, también desde el campo, a esta
plaza para su trabajo o sus actividades comerciales.
Que María bendiga sobre todo a los que sufren. Pienso en los
hospitales, en los asilos de ancianos, en la Casa del Sol, y en todas vuestras
instituciones asistenciales.
Extiendo estos mismos sentimientos de solidaridad a las familias
probadas por cualquier forma de sufrimiento. Recuerdo, asimismo, a los que
llegan a esta tierra mantuana y a esta llanura, procedentes de otros países a
causa de una emigración forzada.
Os invito a todos con la oración del Ángelus, a dirigir
confiados las odas hacia María, que no cesa de mostrarse como Madre "en
estos años difíciles para la Iglesia, para cada uno de nosotros y para toda la
humanidad" (Acto de consagración a María, Fátima, 13 de mayo de 1991).
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