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VIAJE APOSTÓLICO A PORTUGAL

JUAN PABLO II

REGINA CAELI

Estadio Dos Barreiros de Funchal
Domingo 12 de mayo de 1991

 

Queridos hermanos y hermanas:

1. Al terminar nuestra celebración eucarística de la Ascensión del Señor al cielo, nuestro pensamiento se eleva hacia la Virgen María como si estuviéramos a punto de volver juntos al Cenáculo. Es la devoción tradicional del Avemaría, en su forma pascual Regina coeli.

A ella, desde los tiempos más remotos, le fueron confiados los hijos e hijas de la diócesis de Funchal, como lo atestigua vuestra catedral de Nuestra Señora de la Asunción, asegurando vuestros tesoros más preciosos: la fe y la comunidad cristiana en las que habéis hallado las fuentes de la salvación. Lo atestiguan los nichos y las capillas en los cruces de caminos... Pero es particularmente la Virgen del Monte la que allí; desde la altura, vigila y acoge el corazón de los habitantes de Madeira. ¡Los hombres tienen necesidad de María! En ella encontramos de hecho, el acceso al Corazón de su Hijo, único lugar en el que nuestra inquietud podrá encontrar paz; en el que nuestros dolores encontrarán consuelo, y en el que nuestros propósitos de vida coherente con los valores evangélicos, encontrarán vigor y constancia.

¡Orad con fervor a María Santísima! Sentidla a vuestro lado y consagraros a ella, renovándole a lo largo del día vuestra confianza y ternura, para que os acompañe en los quehaceres diarios. Que su recuerdo esté vivo en las familias, especialmente en la oración diaria del rosario. Es una cita diaria a la que ella y yo no faltamos: si queréis estar juntos en el corazón del Papa durante algunos momentos, os propongo la hora del rosario, en la que os recuerdo a todos vosotros ante la Virgen; desearía que también vosotros me recordarais ante ella de la misma manera.

2. De este estadio de Barreiros se multiplica y se extiende a todo el mundo el acto de comunión y solidaridad que, en presencia de Dios, realizamos aquí en favor de los hombres. Es el milagro que realizan a diario los medios de comunicación social, «que están unificando a la humanidad y transformándola —como suele decirse— en una "aldea global"» (Redemptoris missio, 37).

Precisamente hoy la Iglesia celebra la XXV Jornada mundial de las comunicaciones sociales, haciendo hincapié este año en que deben servir para la verdadera unidad y el progreso de la familia humana. Pero esto requiere de los que trabajan en ellos así como de los que reciben su mensaje, discernimiento claro y sentido de responsabilidad moral.

Aliento especialmente a los profesionales de este sector a respetar el imperativo ético que lo legitima al servicio de los hombres: guiarnos hacia una mayor fraternidad y comprensión mutua, y ayudarnos a progresar en la búsqueda de nuestro destino humano de hijos e hijas amados por Dios.

3. Encomendemos a todos los que están implicados o empeñados en el uso de los medios de comunicación social a la Virgen María, Madre de Dios y Madre de los hombres, aclamada por el pueblo cristiano como "Puerta del cielo", porque mereció llevar en su seno a aquel que, victorioso sobre la muerte, abrió, a través del "velo" de su carne, un camino nuevo y vivo para que los hombres, con esperanza fundada, tengan acceso al Padre (cf. Hb 10, 19-20). A ella le dedicamos nuestra alegre oración pascual, que queremos hacer resonar en todos los rincones de la tierra.

 

 

© Copyright 1991 - Libreria Editrice Vaticana

 

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