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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 2 de febrero de 1992
Fiesta de la Presentación del Señor

 

Queridos hermanos y hermanas:

1. Continuando nuestra peregrinación espiritual a los santuarios y templos de la fe y de la devoción mariana en el continente latinoamericano, con motivo del V Centenario de la evangelización de aquellas tierras, nos detenemos hoy en el Estado de San Pablo, Brasil, ante la venerada imagen de Nuestra Señora Aparecida, proclamada por el Papa Pío XI, en 1930, patrona del pueblo brasileño.

La venerada imagen que, según la tradición, encontraron algunos pescadores en el río Paraíba, el año 1717, quedó colocada primero en una capilla y, más tarde, en un templo que se convirtió rápidamente en meta de peregrinaciones, corazón rebosante de entusiasmo religioso y centro de intensa irradiación del Evangelio hacia todas las regiones del país. He apreciado personalmente esta sorprendente vitalidad espiritual durante los dos viajes apostólicos que he tenido el gozo de realizar a la inmensa y amada nación brasileña: en 1980, cuando yo mismo consagré el nuevo santuario, y en el mes de octubre del año pasado.

2. Al santuario de Nuestra Señora Aparecida se le llama «capital de la fe» y también «capital mariana del país». A él acuden continuamente millones de devotos deseosos de encontrar a Cristo evangelizador, y de encontrarle por medio de María, evangelizadora del Brasil.

Esta mañana nos unimos también nosotros a esta comunidad orante, para pedir a la Virgen que nos conduzca a Cristo, «luz para iluminar a los gentiles» (Lc 2, 32). Como recuerda hoy la liturgia de la presentación de Jesús en el templo, la vida cristiana es un incesante caminar al encuentro del Señor, «luz del mundo». Y en este itinerario de conversión y de vida nueva nos guía María, asociada de modo muy especial a la obra del Redentor (cf. Lumen gentium, 61).

3. Pidamos que, por intercesión de Nuestra Señora Aparecida, el Evangelio ilumine los corazones y las mentes de cuantos en Brasil, a pesar de tantas dificultades, están comprometidos en la construcción de un futuro mejor, marcado por la solidaridad y la esperanza.

Invoquemos la especial asistencia de Nuestra Señora para las comunidades cristianas brasileñas, que son muy vivas, numerosas y dinámicas. Gracias también a su diversidad de razas y culturas, darán una aportación significativa a la próxima Conferencia del Episcopado latinoamericano, en Santo Domingo, para trazar las líneas maestras de la nueva evangelización en América.

Que la Virgen dirija los pasos de las comunidades de aquella amada nación para que, fieles a la única verdad de Cristo, crezcan cada vez mas en la comunión entre ellas y con la Iglesia universal y respondan decididamente a los numerosos desafíos espirituales y sociales de nuestro tiempo.

* * *

La Iglesia italiana celebra hoy la «Jornada en favor de la vida». Se trata de una ocasión providencial que se ofrece a los creyentes y a todos los hombres de buena voluntad para reflexionar sobre el valor de la vida y sobre la necesidad de poner empeño en defenderla y promoverla en todas sus fases desde su concepción hasta su fin natural.

«El derecho a la vida es fundamento de la democracia y de la paz»: este es el tema de esta celebración. Reconstruir una cultura de la vida resulta hoy especialmente urgente, sobre todo a la luz de lo que la humanidad está experimentando en los conflictos internacionales que alteran la existencia de algunos pueblos, y en las diversas formas de violencia, que no cesan de amenazar la serenidad interna de comunidades, familias e individuos.

Todo el mundo tiene derecho a vivir y a vivir con plena dignidad: si en la realidad no se respeta suficientemente este derecho, la convivencia humana corre serio peligro, todo acuerdo pierde valor, y queda atropellada la misma existencia del individuo. No puede existir verdadera paz, ni auténtica democracia sin un respeto pleno a la vida.

Oremos para que el Señor ilumine los corazones y las inteligencias de todos a fin de que cada uno acepte, favorezca y proclame el «evangelio de la vida» que Jesús confió a su Iglesia.

 

© Copyright 1992 - Libreria Editrice Vaticana

 

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