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VISITA PASTORAL A FRIULI-VENECIA JULIA

JUAN PABLO II

REGINA CAELI

Domingo 3 de mayo de 1992

 

Queridos hermanos y hermanas:

1. Dentro de poco invocaremos a María, y la invitaremos a exultar por el gran acontecimiento que celebramos cada año en la liturgia: la resurrección de Cristo. Reina del cielo, ¡alégrate! ¡Cristo ha resucitado en verdad, aleluya!

La invitación a la alegría marca el itinerario espiritual de María de Nazaret. La primera palabra que el ángel Gabriel le dirige es chaire, es decir regocíjate, alégrate, exulta. Tal invitación es el eco de los anuncios proféticos a la Hija de Sión: «¡Exulta sin freno, hija de Sión, grita de alegría, hija de Jerusalén! He aquí que viene a ti tu rey» (Za 9, 9; cf. So 3, 14). María no es considerada sólo como una persona individual sino como representante del pueblo de la antigua alianza, transformada en templo vivo de la presencia real del Señor. La descripción del Mesías que está a punto de nacer ya presenta un tono pascual: no es sólo el Mesías davídico (cf. Lc 1, 32), sino que es también el Hijo del Dios trascendente (cf. Lc 1, 35).

2. María acoge la invitación a la alegría y lo manifiesta en el noble himno del Magníficat: «Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador» (Lc 1 46-47). Todo el ser de María vibra con profunda alegría porque ve que se cumple en ella la ley histórico-salvífica de la humillación-exaltación en el misterio pascual (cf. Flp 2, 6-11).

Alcanza su máximo gozo cuando ve cumplirse la promesa de Jesús: «El Hijo del hombre... al tercer día resucitará» (Mt 17, 22-23). Semejante júbilo de la madre del Resucitado se prolongará a toda la Iglesia, y a cada uno de nosotros.

3. Hoy, 3 de mayo, mi pensamiento va espontáneamente a Częstochowa, donde se celebra la fiesta de la Virgen negra. Allí están llegando ahora numerosos peregrinos, algunos de los cuales van a pie en gesto de devoción y penitencia. Queridos hermanos y hermanas, también nosotros queremos ir con ellos, en peregrinación espiritual, para depositar en el corazón de la Virgen de Jasna Góra nuestras preocupaciones y esperanzas, las expectativas y los proyectos de la sociedad civil y eclesial de Friuli-Venecia Julia. Recordando la inolvidable cita mariana y juvenil del 14 y 15 de agosto del año pasado, en la que seguramente algunos de vosotros tuvisteis la alegría de participar, queremos renovar nuestro compromiso de vivir las consignas espirituales de ese encuentro histórico, que fueron expresadas en el trinomio significativo: «Soy, me acuerdo, velo».

Que la Virgen de Częstochowa haga que vuestro testimonio evangélico sea cada vez más fiel. Que ella sea nuestra esperanza y la «causa de nuestra alegría». Que ella nos lleve a Cristo, reflejando en nosotros un rayo de la luz de su gloria, que ilumine nuestro camino en la tierra hacia las «realidades últimas» prometidas por el Señor.

 

© Copyright 1992 - Libreria Editrice Vaticana

 

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