|
VIAJE APOSTÓLICO A BENIN, UGANDA Y
JARTUM
JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Santuario de los mártires ugandeses de Namugomgo Domingo 7 de
febrero de 1993
Al final de esta misa nos dirigimos con amor a la santísima Virgen María y nos
preparamos para rezar el Ángelus. En la cruz Jesús encomendó a María sus
discípulos para que fuera su madre (cf. Jn 19 25-27). Desde el comienzo de la
presencia de la Iglesia en este país, las oraciones de la Madre de Dios han
sostenido a los cristianos ugandeses en su testimonio del Evangelio. Los
mártires de Uganda dieron prueba de su profunda devoción a María a través del
rezo diario del Ángelus y del rosario durante su encarcelamiento. En unión con
ellos y con todos los santos encomendemos ahora a este amado país y a su pueblo
a la protección materna de María.
¡María, Reina de la paz!
Te confiamos a los hombres, a las mujeres y a los niños de Uganda.
Que a través de tus oraciones el Espíritu de Dios otorgue paz
duradera y prosperidad a su nación.
Que la luz de Cristo disipe la oscuridad espiritual que engendra
egoísmo, violencia, odio hacia los demás y desprecio de sus derechos.
Que todos los corazones se abran al poder del amor de Dios.
Que los que estén divididos a causa de antagonismos étnicos o
políticos aprendan a trabajar juntos, a fin de construir para sus hijos una
sociedad donde reinen la justicia, la paz y la libertad.
¡María, Reina de los mártires!
Te encomendamos a los cristianos de este país.
Que el noble ejemplo de san Carlos Lwanga y los mártires
ugandeses les impulse a ofrecer su vida como sacrificio agradable a Dios.
Que su fe en Cristo se refleje en la santidad de su vida y en su
caridad hacia sus hermanos y hermanas.
Fortalece a los sacerdotes y religiosos en su fidelidad y en su
celo apostólico, y haz que cada vez más jóvenes respondan generosamente a la
llamada de Dios para ponerse a su servicio en la Iglesia.
Que los cristianos, por tu amorosa intercesión, lleguen a ser
faros de esperanza y hagan que su luz brille ante los hombres.
Que sean fermento de los valores evangélicos, actuando para la
renovación espiritual y moral de la sociedad ugandesa.
¡María, Madre de todos los creyentes!
Que todos los seguidores de Cristo en este país se unan cada vez más
estrechamente en un espíritu de respeto mutuo y de colaboración.
Que den un testimonio cada vez más fraterno del amor
reconciliador de Jesucristo, el Redentor.
Que, impulsados por el Espíritu de amor, ayuden a difundir la
luz del Evangelio a todo el pueblo ugandés.
¡María, Madre de los dolores!
Dirige tu mirada misericordiosa a quienes sufren.
Permanece al lado de las víctimas de la violencia y el terror, y
consuela a los que están de luto.
Que tu Hijo Jesús conforte y dé paz a todos los enfermos y
moribundos, y fortalezca a quienes se dedican a su cuidado físico y espiritual.
¡María, Reina del África!
Conduce a todos al reino de santidad, de verdad y de vida del Señor.
Tú, que dijiste libremente sí a Dios y te convertiste en la
madre virgen de su único Hijo, permanece siempre al lado de tus hijos ugandeses.
Que renazcan en la esperanza, y que el plan salvífico de Dios se
realice plenamente en ellos.
Que, por medio de ellos, toda África llegue a conocer y amar el
nombre de Jesucristo, nuestro salvador.
© Copyright 1993 - Libreria Editrice Vaticana
|