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VISITA PASTORAL A MACERATA, FOLIGNO Y GRAN SASSO

JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Campo Imperatore
Domingo 20 de junio de 1993



Queridos hermanos y hermanas:

1. Este encuentro, tan extraordinario, nos brinda la oportunidad de rezar el Ángelus en el marco sugestivo del Gran Sasso, junto a esta capilla que acabo de bendecir, sencilla y graciosa, engastada en el paisaje majestuoso que tanto conozco y amo. Aquí el silencio de la montaña y la blancura de la nieve nos hablan de Dios, y nos señalan el camino de la contemplación no sólo como sendero maestro para experimentar el misterio, sino también como condición para humanizar nuestra vida y nuestras relaciones recíprocas.

Hoy se siente gran necesidad de frenar el ritmo, a veces frenético, de nuestras jornadas. El contacto con la naturaleza con su belleza y paz, nos renueva y reconforta. Pero mientras la mirada se extiende sobre las maravillas del cosmos, es necesario volver a nosotros mismos, en la profundidad del corazón, en ese centro de nuestra persona, en que nos encontramos cara a cara con nuestra conciencia. Allí nos habla Dios, y el diálogo con Él devuelve el sentido a nuestra vida.

2. Por esta razón queridos alpinos, que en tan gran número habéis venido a esta cita he apreciado mucho vuestra iniciativa de restaurar esta capilla, que quiere ser para cuantos llegan aquí o se detienen mientras suben a la montaña, una llamada a lo sobrenatural, un signo de la presencia de Dios y una invitación a la oración.

Es así para vosotros queridos amigos, que os habéis reunido aquí preocupándoos por asegurar a vuestro gozoso encuentro la respiración oxigenante de la oración que, por lo demás, corresponde muy bien a vuestra historia y cultura, e incluso me atrevería a decir, a vuestra espiritualidad. En efecto, estáis en cierto modo plasmados por la montaña, por sus bellezas y sus asperezas, sus misterios y su fascinación. La montaña revela sus secretos sólo a quienes tienen la valentía de desafiarla. Exige sacrificio y entrenamiento. Obliga a dejar la seguridad de los valles, pero a quien tiene el arrojo de subir le ofrece el espectáculo estupendo de las cumbres. Por tanto, es una realidad que evoca con fuerza el camino del espíritu, llamado a elevarse desde la tierra hasta el cielo, hasta el encuentro con Dios. Vosotros, queridos alpinos, sois expertos en este lenguaje misterioso. Escuchándolo vuestro mismo servicio a la patria se convierte con gran naturalidad en servicio a la solidaridad y a la paz. Dejad, por tanto, que a la conocida simpatía que vuestro Cuerpo suscita en la opinión pública agregue hoy también la expresión de mi estima y amistad.

3. Desde estas montañas mi pensamiento se dirige a toda la tierra de Abruzos y en particular a la diócesis de L'Aquila, que tuve la oportunidad de visitar en 1980. Dirijo mi saludo afectuoso al obispo, el querido mons. Peressin, que os ha celebrado la eucaristía. Asimismo saludo a los demás obispos de esta provincia eclesiástica, cercanos a L'Aquila; saludo también de corazón a los presbíteros, así como a los religiosos y religiosas, y a toda la comunidad de L'Aquila. Conozco el esfuerzo que estáis haciendo, con entusiasmo ejemplar, sobre todo en la pastoral familiar. Se trata de una decisión que merece vivo aliento, en este tiempo difícil en que contra la familia se ensañan fuerzas corrosivas que amenazan su unidad y serenidad. Por consiguiente, es necesario que, tanto en la sociedad civil como en la Iglesia, para sostener esta institución fundamental, se inviertan las mejores energías. Las familias cristianas han de ser de verdad fermento en la sociedad, viviendo su vocación de iglesias domésticas, inspiradas profundamente por el Evangelio, ricas en oración, ternura y testimonio.

4. Queridos hermanos y hermanas, encomendémonos a María a quien honráis en esta capilla con el título sugestivo de Virgen de las Nieves, que no sólo es adecuado por el estupendo marco de la naturaleza que la rodea, sino también porque nos recuerda can fuerza su misterio de mujer de la blancura: la tota pulchra, la Inmaculada.

Que ella nos enseñe el camino de la fidelidad a Cristo, nos obtenga valentía y confianza y bendiga esta tierra, de forma especial, a sus familias y a sus jóvenes.

 

© Copyright 1993 - Libreria Editrice Vaticana 

 

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