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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 25 de julio de 1993

 

Queridísimos hermanos y hermanas:

1. La reunión de los jóvenes en Denver el próximo mes de agosto, con ocasión de la Jornada mundial de la juventud, será seguramente una gran fiesta de la vida. La juventud ama la vida y tiene necesidad de vivir en plenitud la propia experiencia de crecimiento y maduración humana. Bajo este aspecto, la cita de Denver constituirá un testimonio muy significativo de nuestro tiempo que, precisamente sobre el tema de la vida, registra a veces contradicciones llamativas.

En efecto, por una parte, nunca como ahora la vida humana, gracias al progreso económico y científico, ha sido objeto de tanta atención y cuidado; por otra, desgraciadamente, junto al persistente escándalo del hambre, que amenaza la existencia de millones de seres humanos, se registran fenómenos preocupantes como el aumento de la criminalidad, la plaga del alcohol y de la droga, y la locura fratricida de la guerra, que causan numerosas víctimas, en especial entre los jóvenes.

Impresiona, en particular, el acostumbrarse a una cultura de muerte que, presentándose a menudo como conquista civil de nuevos derechos, de hecho insidia con el aborto la vida humana antes de que vea la luz, o la apaga, con la eutanasia, antes de su ocaso natural.

En ese marco, en el que el sentido y el gusto de la vida permanecen ofuscados, ya casi no son noticia los casos de suicidio, muchos de los cuales se verifican entre los jóvenes o, incluso, entre adolescentes y niños. ¿No son éstas manifestaciones inquietantes de un malestar profundo? ¡Cuántas personas consuman en el silencio y la soledad interior la tragedia de una náusea creciente por la vida! Sobre todo en la sociedad del bienestar se puede correr el riesgo de vivir en la espiral de una angustia paralizadora, o ser víctima de ilusiones de paraísos artificiales, que muy a menudo tienen consecuencias trágicas.

2. Iremos a Denver para celebrar la vida: el valor, la belleza y la alegría de la vida.

No es posible que la ciencia haga tanto para salvar la vida y luego sea cómplice de su destrucción. No es posible que mientras se lucha por el respeto de la naturaleza animal y vegetal, no se propugne con vigor el mismo respeto también hacia los primeros estadios de la existencia del hombre, al que Dios puso a la cabeza de la creación. Son contradicciones demasiado evidentes, para esconderlas detrás de la afirmación de supuestos derechos a la libertad. A este propósito, urge un diálogo constructivo entre los hombres de buena voluntad, más allá de las diversas posiciones ideológicas.

3. Que la Virgen Santa, que llevó en su seno al Autor de la vida, nos ayude a todos a redescubrir el valor de ese gran don de Dios. El futuro del hombre depende mucho de una amplia alianza por la vida, y los jóvenes están llamados a ponerse en primera línea en esta ardua batalla de civilización que es, además, una batalla de progreso auténtico.

María, Madre de la humanidad redimida por Cristo, ruega por nosotros.

* * *

Después del Ángelus

Saludo con gran afecto a todas las personas, familias y grupos procedentes de los diversos países de América Latina y de España.

En el marco del Año Jacobeo, hoy tiene lugar en Santiago de Compostela la solemne celebración en honor del Apóstol Santiago. Me uno espiritualmente a los numerosos peregrinos que allí se dan cita, mientras encomiendo a su protección a los amados hijos de la nación española.

A todos imparto de corazón la bendición apostólica

 

© Copyright 1993 - Libreria Editrice Vaticana 

 

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