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VISITA PASTORAL A LA VERNA Y CAMALDOLI
JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Viernes 17 de septiembre de 1993
Queridos jóvenes; queridos hermanos y hermanas:
1. ¿Qué os ha atraído a este lugar que, hace ocho siglos,
contempló la identificación mística entre Cristo crucificado y su extraordinario
imitador, Francisco de Asís?
Os ha atraído la figura carismática del Poverello. Pasan los
siglos, y el santo de Asís nos habla como si viviera hoy. El movimiento
espiritual que nació de él es como una primavera de juventud, que puntualmente
florece en cada generación.
Sin embargo, en el estilo de vida de este hombre del siglo XIII,
hay algunos rasgos tan originales, que podrían hacernos pensar que es inimitable
e inaccesible. A pesar de esto, o quizá por esto mismo, sigue ejerciendo una
fascinación increíble.
La realidad es que nuestro tiempo, que oscila entre conquistas y
derrotas, y que lucha entre la esperanza y la desesperación, busca el camino de
una nueva autenticidad. San Francisco ofrece con nitidez la imagen de un hombre
auténtico, de un hombre realizado, que supo alcanzar la paz con Dios, consigo
mismo, con los demás y con el cosmos.
2. Pero ¿cuál es la raíz profunda de esta personalidad, el
verdadero secreto de su encanto?
No cabe duda: es su opción por Cristo. El camino de conversión
de Francisco se extiende desde el coloquio que tuvo, en su juventud, con el
Crucificado de San Damián hasta la identificación con Cristo crucificado,
expresada plásticamente en los estigmas que recibe aquí en La Verna. En su
testamento, él mismo evoca el momento del cambio de su vida.
Vale la pena volver a escuchar la prosa sencilla y conmovedora
de su narración: «El Señor me concedió a mí, fray Francisco, comenzar así a
hacer penitencia, pues, estando en pecado, me parecía algo demasiado amargo ver
a los leprosos; y el Señor mismo me condujo entre ellos, y fui misericordioso.
Al alejarme de ellos lo que antes me parecía amargo se mudó en dulzura del alma
y del cuerpo» (Testamento, FF 110).
Cristo, a quien escuchó en San Damián y abrazó en sus hermanos
leprosos, es la nueva luz de Francisco.
¿Es una renuncia a la vida? Al contrario, ahora puede gustarla y
cantarla mejor. Su Cántico de las criaturas, que brotó en un momento de
sufrimientos atroces, no sólo será una plegaria maravillosa, sino también un
himno a la vida, a la alegría, al mundo visto a la luz de Dios.
Queridos jóvenes amad la vida. Amadla con la profundidad y la
pasión de Francisco de Asís. Amadla en la hermosura de la naturaleza, en la
alegría de la amistad, en las conquistas de la ciencia y en el esfuerzo generoso
por construir un mundo mejor. No la desperdiciéis en alegrías efímeras, en
aventuras sin retorno o en un conformismo vacío. ¡Mirad a las alturas! ¡Aspirad
a lo eterno!
3. María, Madre de Jesús, Madre de Francisco y de todos los
santos, a quien invocan constantemente las poblaciones de esta región, en la que
abundan santuarios y capillas dedicados a ella, os guíe por el camino de la
alegría verdadera, que anhela vuestro corazón. Me complace recordar, sobre todo,
el antiguo y sugestivo santuario de Santa María del Sasso, situado a pocos
kilómetros de aquí, y que es un punto de referencia importante para la devoción
mariana de toda la región de Casentino.
Saludo cordialmente e imparto una bendición especial a los
padres dominicos, que custodian ese templo sagrado, a las religiosas
contemplativas de la misma orden, que constituyen una presencia silenciosa y
orante a la sombra del santuario, y a todos los devotos de la Virgen con el
título de Madonna del Sasso y Madonna del Buio.
María, in tenebris lux, ilumine las mentes y las conciencias de los hombres con
la luz de la verdad y del amor. Os ilumine especialmente a vosotros, queridos
jóvenes, que, como Francisco, invocáis confiadamente a la Virgen, Madre de la
Iglesia y modelo de su juventud perenne.
© Copyright 1993 - Libreria Editrice Vaticana
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