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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 14 de noviembre de 1993

 

Amadísimos hermanos y hermanas:

1. El jueves pasado, como bien sabéis, me vi obligado a permanecer algún tiempo en el hospital, tras una caída que sufrí mientras bajaba las gradas del estrado para acercarme a los presentes al final de una audiencia.

Expreso de corazón mi gratitud a todos los que, con disponibilidad diligente, me prestaron inmediatamente la necesaria atención médica. Doy gracias también a las numerosas personas que han permanecido cerca de mí con el calor de su amistad y sobre todo con el precioso consuelo de su oración.

Para mí se trata de una nueva ocasión para unirme más íntimamente al misterio de la cruz de Cristo, en comunión con tantos hermanos y hermanas que sufren. Acepto, asimismo, esta prueba como venida de la mano de Dios, que todo lo ordena en sus designios providenciales, y la ofrezco por el bien de la Iglesia y por la paz entre los hombres.

2. Hoy se celebra en toda Italia el Día de acción de gracias. «Este día —como recuerdan los obispos de Italia en su mensaje para esta ocasión— constituye de hecho una profesión pública de fe, y vuelve a proponer la visión cristiana del compromiso humano en las actividades terrenas, encaminado a la promoción del bien de las personas, de las familias y de la comunidad entera».

Organizado por la Confederación nacional de cultivadores directos, el Día de acción de gracias expresa el sentido natural de alabanza al Señor que desde siempre distingue a la gente del campo, acostumbrada a contemplar de cerca el milagro de la naturaleza y de la vida y a cuidarla con amor, en beneficio de toda la comunidad humana. Por desgracia, la sociedad hoy no siempre está atenta al papel fundamental de la agricultura, que es indispensable para asegurar a la humanidad su necesario sustento. La actual crisis que está atravesando la agricultura, los efectos de la reestructuración de la economía mundial y la escasez de alimentos que sufren vastas zonas del mundo, nos recuerdan la importancia de un cultivo racional de la tierra. Éste fue también el problema que tratamos juntos en esa última audiencia concedida a los ministros de Agricultura de ciento cincuenta países del mundo ante la FAO.

Miramos, por tanto, con especial aprecio a los trabajadores del campo, dando gracias, junto con ellos, al Señor e implorando la bendición divina sobre sus trabajos.

3. María, esperanza y confianza nuestra, nos ayude a hacer siempre de nuestra vida un don gozoso y agradecido al Padre celestial. A ella le encomiendo hoy, en particular, a todos los enfermos, y especialmente a los que se encuentren más solos y desesperados. Ella los consuele con su ternura maternal, inspirando a cuantos les estén más cerca sentimientos de caridad afectuosa y activa.


© Copyright 1993 - Libreria Editrice Vaticana 

 

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