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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 28 de noviembre de 1993

 

Amadísimos hermanos y hermanas:

1. Hoy entramos en el nuevo año litúrgico. Con este primer domingo de Adviento la Iglesia nos invita a ponernos en camino hacia el Señor que viene. La Navidad, que celebraremos dentro de poco, no es una simple conmemoración del pasado, sino la ocasión de acoger al Señor, que viene siempre de nuevo a nuestra vida, hasta su vuelta gloriosa al final de la historia.

La actitud que la liturgia nos propone para este tiempo de espera es la vigilancia. No podemos encontrarnos con el Señor si nuestra mente se halla distraída, si nuestro corazón está frío, si nuestros ojos son incapaces de abrirse al misterio.

Velad. Es la advertencia de Jesús que sacude nuestra pereza, pidiéndonos que le hagamos espacio en nuestra vida diaria.

2. Ojalá que esta invitación de Dios llegue a todas las familias cristianas. Más aún, quisiera que la escucharan todas las familias del mundo.

Como sabéis 1994 ha sido proclamado por las Naciones Unidas Año internacional de la familia, y también la Iglesia lo celebrará a partir del 26 de diciembre de este año, fiesta de la Sagrada Familia.

Al prepararnos, pues para la Navidad nos encaminamos también hacia el Año de la familia.

La llamada que nos hace la liturgia de hoy a la vigilancia encuentra, ciertamente, en las familias una tierra especialmente sensible. Por su naturaleza la familia está proyectada hacia el futuro. Nace con la decisión que toman un hombre y una mujer de fundir sus vidas en un único proyecto de amor. En ese proyecto se halla radicalmente inscrita también la espera de los hijos, nuevas vidas que el núcleo familiar debe acoger con ternura, cuidar con esmero y educar con sabiduría.

En este camino de amor la vigilancia es una virtud necesaria. El Adviento pide que profundicemos en ella invitando a las familias a abrir las puertas al Dios que viene, con el redescubrimiento de la oración común, junto con propósitos de vida nueva y un esfuerzo de comunión más intenso.

3. Contemplemos a María, modelo de espera vigilante y operante.

Para ella el Adviento significó llevar en su seno esperando su nacimiento, al mismo Autor de la vida. De la familia conoció las alegrías, pero también las pruebas, las ansias y los dolores.

Encomendemos todas las familias del mundo a su protección, para que aprendan de ella a encontrar en Jesús el secreto de su serenidad y la guía para su camino.

 

© Copyright 1993 - Libreria Editrice Vaticana 

 

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