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VISITA PASTORAL A MOLISE

JUAN PABLO II

ÁNGELUS

 Santuario de Castelpetroso
Domingo 19 de marzo de 1995

 

Amadísimos hermanos y hermanas:

1. Realizo esta peregrinación con ocasión de la fiesta de san José, y mi pensamiento va, naturalmente, al mundo del trabajo, caracterizado este año, en particular, por el encuentro con los artesanos. ¿Cómo no pensar entonces en la casa de Nazaret, donde José y María se ayudaban recíprocamente en la dirección de su familia y en el cuidado del niño Jesús? José como carpintero, era un artesano en el sentido más verdadero del término. María, que se ocupaba de los quehaceres domésticos podría ser considerada hoy un ama de casa y, como tal, modelo de todas las mujeres que son verdaderas «artesanas de la casa».

2. Numerosas son las voces que hoy, después de un período caracterizado por cierta confusión y presión de tipo ideológico, invitan a afrontar con mayor serenidad y objetividad la relación entre mujer, familia y trabajo, para poder revalorizar la presencia femenina en el ámbito familiar. «La experiencia confirma —escribí en la encíclica Laborem exercens— que hay que esforzarse por la revalorización social de las funciones maternas, de la fatiga unida a ellas y de la necesidad que tienen los hijos de cuidado, de amor y de afecto» (n. 19).

También en esto la Familia de Nazaret ofrece un ejemplo significativo: María trabaja al lado de José, según un estilo personal y femenino, que los relatos evangélicos permiten intuir. Sin duda alguna, su armonía se ve muy favorecida por el trabajo artesanal de su esposo. En efecto, José pudo trabajar cerca de su familia, enseñando al niño Jesús su mismo oficio de carpintero.

Ahora queremos dirigir nuestra plegaria a María, confiándole las esperanzas y las preocupaciones de todas las familias, especialmente de las que están expuestas a dificultades vinculadas con el trabajo.

3. Oh María Madre de Jesús
y esposa de José artesano,
tu corazón guarda las alegrías
y las fatigas de la sagrada Familia.
También ofrecías a Dios
las horas de dolor,
confiando siempre en su Providencia.
Te pedimos que protejas
a todas las mujeres
que se esfuerzan diariamente
para que la comunidad doméstica
viva en una armonía efectiva.
Alcánzales la gracia de ser mujeres
cristianamente sabias,
expertas en oración y en humanidad,
fuertes en la esperanza
y en las tribulaciones,
artífices, como tú,
de la paz auténtica. Amén.


© Copyright 1995 - Libreria Editrice Vaticana

 

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