JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Domingo 1 de octubre de 1995
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. El mes de octubre, en la vida de la comunidad cristiana, está
dedicado a María y se halla especialmente vinculado al redescubrimiento del
santo rosario.
Se trata de una oración sencilla y profunda, adaptada a cada uno
y a las comunidades, a las personas de cualquier origen y formación cultural. Es
una plegaria mariana pero al mismo tiempo cristológica, porque nos ayuda a
meditar en la vida de Cristo. María nos lleva a Jesús.
Al repetir oraciones habituales y queridas, como el Padre
nuestro, el Ave María o el Gloria el alma se recoge en la contemplación de los
misterios de la salvación y presenta a Dios, por intercesión de la Virgen sus
necesidades y las de la humanidad entera, pidiendo al Señor la fuerza para un
compromiso evangélico más coherente y generoso. En otro tiempo se hallaba
difundido el rezo diario del rosario en familia. ¡Cuánto ayudaría también hoy
esa práctica! El santo rosario aleja los gérmenes de la disgregación familiar y
es vínculo seguro de comunión y paz.
2. Los beatos, que hace poco he tenido la dicha de elevar al
honor de los altares, fueron sinceramente devotos de la Virgen santísima y
supieron buscar siempre en el rezo del rosario consuelo y ayuda en toda
circunstancia de su vida. A su intercesión encomiendo la visita que realizaré el
próximo día 5 de octubre a la Organización de las Naciones Unidas, en Nueva York.
¡Ojalá que también esta iniciativa contribuya a la causa de la paz y la
solidaridad entre los pueblos!
Dirijo un cordial saludo a los peregrinos de lengua italiana, y
en particular a los que han venido a Roma para participar en la beatificación de
hoy. La entereza con que los nuevos beatos dieron su vida por Cristo estimule a
cada uno a un generoso compromiso de testimonio cristiano.
3. Saludo con gran afecto a todos los peregrinos de lengua
española. De modo especial a los obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y
fieles de las numerosas peregrinaciones, así como a las autoridades civiles que
participan en esta ceremonia.
Al empezar el mes de octubre dedicado al santo rosario, os
invitó a rezarlo con devoción, recordando que es la oración a la que recurrieron
con gran fervor, en los momentos más difíciles, los mártires beatificados hoy.
Que su confianza filial a la Virgen María sea para todos nosotros modelo de amor
a nuestra Reina y Madre.
De corazón os imparto mi bendición apostólica.
4. Saludo muy cordialmente a los peregrinos de Francia, que han
venido para participar en la misa de beatificación de esta mañana. Queridos
amigos, con alegría os he visto orar con fervor. Para la renovación espiritual
de vuestras diócesis, contáis ya con nuevos intercesores. Yo los invoco en
vuestro nombre y pido a Dios que os bendiga y os guarde cada día.
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Vaticana
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