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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 2 de junio de 1996
Solemnidad de la Santísima Trinidad

 

1. Al término de esta solemne celebración, dirijo un saludo particular a cuantos, con su presencia, han querido honrar a los nuevos santos que hoy la Iglesia presenta a la veneración de todos los fieles. Queridos peregrinos de lengua italiana, que el ejemplo luminoso y la intercesión de estos fieles servidores del Evangelio os impulse a cada uno a vivir la fe con alegría y a testimoniar generosamente la fuerza espiritual del amor.

Saludo cordialmente a los peregrinos que han venido para la canonización de Jean-Gabriel Perboyre. El ejemplo del nuevo santo, que siguió a Cristo por el camino de su pasión para anunciar el Evangelio en China, os impulse a servir a Dios y a vuestros hermanos con un ardor renovado, en la alegría y la fidelidad.

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española que han venido para participar en la canonización de san Juan Grande. En la profunda espiritualidad del nuevo santo ocupó un lugar especial la devoción a la Virgen María, a la que honraba cada día con el rezo de los misterios del rosario y celebrando sus fiestas con solemnidad. Llamándola su abogada, le confió todas sus obras. Que su testimonio de devoción mariana ayude a todos, y en especial a la Orden Hospitalaria y a sus colaboradores, así como a los fieles de la diócesis de Jerez a esperar siempre en la poderosa intercesión de la Madre de Dios y de la Iglesia.

Saludo cordialmente a los peregrinos que han llegado de Polonia para participar en la canonización, y en particular a los Padres de la Misión, a las Hijas de la Caridad, a los miembros de la asociación de San Vicente y al grupo de los religiosos de la Orden Hospitalaria.

2. Hace cincuenta años, el 2 de junio de 1946, nacía la República Italiana. En el feliz aniversario de ese acontecimiento histórico, quiero manifestar a todos los ciudadanos italianos mi deseo cordial de progreso en la justicia y en la libertad para un futuro de concordia y de paz.

Ojalá que la nación, que en su Carta constitucional «reconoce y garantiza los derechos inviolables del hombre, ya como persona ya en las estructuras sociales donde se desarrolla su personalidad» (art. 2), no descuide jamás los valores humanos y cristianos que forman el patrimonio más auténtico de su historia.

Encomiendo a Dios en la oración estos deseos, invocando sobre los ciudadanos y los gobernantes la abundancia de sus bendiciones.

3. Mañana se inaugurará en Estambul la II Conferencia de las Naciones Unidas sobre los asentamientos humanos. Será una magnífica ocasión para reflexionar en los difíciles problemas de un mundo que se urbaniza rápidamente. Se trata de una cuestión que debe afrontarse con una cultura inspirada en una concepción integral del hombre y de la sociedad. En particular, es necesario tener en cuenta las exigencias de la familia, célula fundamental de la sociedad. La familia sigue siendo siempre el lugar natural donde la persona se abre a la vida y recibe la acogida primera y fundamental: en ella muchas generaciones crecen amándose, respetándose y transmitiendo los valores más auténticos de la existencia.

En la casa los esposos ejercen sus derechos y, cumpliendo sus propias responsabilidades, realizan plenamente el proyecto de su matrimonio. Ojalá que la Conferencia Habitat II sensibilice a los Estados, para que favorezcan este compromiso.

Que la Madre de Cristo y los tres santos elevados hoy al honor de los altares ayuden, con su intercesión, a cuantos trabajan por el éxito de la Conferencia, a fin de que se coloque una piedra millar en el progreso auténtico de toda la familia humana.

 

© Copyright 1996 - Libreria Editrice Vaticana

 

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