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JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Pieve di Cadore (Belluno)
Domingo 21 de
julio de 1996
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Me alegra rezar hoy con vosotros la plegaria del Ángelus, en el estupendo
marco de Pieve di Cadore, alegre localidad rica en historia, laboriosidad y
bellezas naturales.
Os saludo a todos con afecto, mientras doy gracias por la cordial acogida a los
habitantes del lugar y a los numerosos turistas presentes. Saludo, en
particular, al obispo de la diócesis de Belluno, monseñor Pietro Brollo, a
quien expreso mis mejores deseos a pocos meses del comienzo de su ministerio
pastoral en esta querida diócesis. Deseo recordar. con afecto y gratitud también
a su predecesor, monseñor Maffeo Ducoli. Dirijo, además, un cordial saludo a
los sacerdotes, a los religiosos, a las religiosas y a toda la comunidad
diocesana. Saludo a todas las autoridades de la región, de la provincia y de Pieve, así como a cuantos, con su amable disponibilidad, contribuyen a que
transcurran serenamente mis días de descanso en la montaña. Saludo, asimismo, a
todos los agentes turísticos de este centro y de todo Cadore: pienso en las
numerosas personas y familias que trabajan para asegurar una estancia
confortable a los veraneantes. Mientras les expreso mi estima por su trabajo,
los exhorto a dar siempre a los huéspedes un buen testimonio de vida cristiana.
En contacto con la naturaleza, en esta región que ha sido maestra de belleza
para su ilustre hijo Tiziano Vecellio, recuperamos nuestras fuerzas físicas y
espirituales y nos sentimos impulsados a captar los mensajes profundos que
encierra la creación.
Inmersos en el ritmo cada vez más veloz de la vida diaria, todos necesitamos
detenernos y descansar de vez en cuando, dedicando un poco más de tiempo a
reflexionar y orar.
2. El libro del Génesis dice que Dios «descansó en el día séptimo de toda la
labor que hiciera. Y bendijo Dios el día séptimo y lo santificó; porque en él
cesó Dios de toda la obra creadora que había hecho» (Gn 2, 2-3). Así se revelaba
el significado espiritual del descanso y se subrayaba su posible valor
religioso.
Presentándonos al Señor que bendice el día dedicado por excelencia al descanso,
la Biblia quiere destacar la necesidad que tiene el hombre de dedicar parte de
su tiempo a la experiencia de la libertad de las cosas, para volver a entrar en
sí mismo y cultivar el sentido de su grandeza y de su dignidad en cuanto imagen
de Dios.
Por esta razón, no hay que ver las vacaciones como una simple evasión, que
empobrece y deshumaniza, sino como momentos importantes de la existencia de la
persona. Interrumpiendo el ritmo de su vida ordinaria, que la cansan física y
espiritualmente, tiene la posibilidad de recuperar los aspectos más profundos
de su existencia y de su actividad. En los momentos de descanso y, en
particular, durante las vacaciones, el hombre está invitado a tomar conciencia
del hecho de que el trabajo es un medio y no el fin de la vida, y tiene la
posibilidad de descubrir la belleza del silencio como espacio en el que se
reencuentra consigo mismo para abrirse a la acción de gracias y a la oración.
De ese modo, le resulta espontáneo ver desde otra perspectiva su propia vida y
la de los demás: liberado de las ocupaciones diarias urgentes, puede
redescubrir su dimensión contemplativa, reconociendo las huellas de Dios en la
naturaleza y sobre todo en los otros seres humanos. Esta experiencia lo abre a
una atención renovada hacia las personas que viven a su lado, comenzando por
las de su familia.
3. Amadísimos hermanos y hermanas, os deseo de corazón a todos que aprovechéis
esta posibilidad que el Señor os brinda. Mientras le damos gracias por esta
oportunidad, no podemos menos de pensar en aquellos que, como recordaba el
domingo pasado, por diversos motivos no pueden disfrutar de un adecuado tiempo
de descanso y de vacaciones. Los recordamos en la oración junto con los
ancianos y los enfermos, encomendando a cada uno a la Virgen María, mujer activa
y dispuesta a socorrer a sus hermanos necesitados, a la que precisamente su
recogimiento constante y su contemplación le permitieron conservar y meditar en
el corazón los acontecimientos de su vida (cf. Lc 2, 19), captando su sentido
profundo.
Que su ejemplo nos guíe para comprender mejor el valor de nuestra existencia y
nos haga discípulos más atentos del Señor, dispuestos siempre a abrir nuestro
corazón a todo aquel que tenga necesidad.
© Copyright 1996 - Libreria
Editrice Vaticana
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