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VISITA PASTORAL A LA DIÓCESIS DE COMO,
ITALIA
JUAN PABLO II
REGINA COELI
Domingo 5 de mayo de 1996
1. Queridos jóvenes presentes en este estadio, y queridos hermanos y hermanas
que estáis escuchando a través de la radio y la televisión, me alegra rezar hoy
la plegaria mariana del Regina coeli en tierra comasca. Esta antigua Iglesia,
cuyo territorio se extiende entre colinas y llanuras, lagos y montañas, está muy
marcada por la presencia de María.
En ella se cuentan numerosos santuarios, algunos de los cuales
están situados, como centinelas, en toda la cadena alpina. Desde esos lugares
sagrados la Virgen santísima vela por las ciudades y las aldeas de la diócesis y
ejerce su protección materna sobre cuantos se encomiendan a ella.
2. Deseo recordar aquí algunos de estos templos, comenzando por
la misma catedral de Como, dedicada a la Asunción de la Virgen; precisamente
este año se celebra el sexto centenario del comienzo de su construcción.
Después, partiendo del oeste y yendo hasta la diócesis de Bolzano-Bressanone, se
encuentran, entre otros, el santuario de Ardena y el de Drezzo, el más pequeño
de todos, ambos dedicados a la Asunción de María. El santuario de la Santísima
Virgen del Socorro, en Isola Ossuccio, en la orilla occidental del lago, es
sobre todo un lugar de oración para las vocaciones de especial consagración. El
santuario de Gallivaggio protege a Valchiavenna, hasta el Passo dello Spluga,
antiguo lugar de tránsito hacia Roma e Italia. La Virgen della Sassella vela por
la ciudad y el territorio de Sondrio. El santuario de la Santa Casa de Loreto en Tresivio, monumento de arte y de fe sincera, y el de la
Santísima Virgen de las
Gracias de Grosotto son meta de peregrinaciones que reavivan la devoción de los
fieles. En Tirano surge el santuario diocesano por excelencia. En ese lugar la
Virgen, según la tradición, se apareció a Omodei, pidiéndole que se construyera
un templo para honrarla e invocarla. Allí los creyentes, animados y guiados por
la autoridad eclesiástica, van de todas partes para pedir curaciones y
conversiones, y para manifestar a Jesús y a María su gratitud de hijos.
3. Me alegra recordar con vosotros estos lugares sagrados, que
enriquecen espiritualmente vuestra diócesis. Son testimonio de una tradición
consolidada de devoción mariana, que ha superado los siglos.
A veces se oye objetar que el culto a la Virgen, especialmente
el popular, puede desviar la atención del centro de la fe, que es Jesús, muerto
y resucitado. Pero no es así. Por María llegamos más fácilmente a su Hijo
divino. María se nos presenta como modelo del creyente y de toda la Iglesia,
llamada a responder con su propio sí al Señor. Es Madre que ejerce su
intercesión por todos los hombres: por las almas sedientas de Dios y por las que
avanzan a tientas en la oscuridad de la duda o de la incredulidad, por cuantos
sufren en el cuerpo o están probados en el espíritu, por los que ceden ante la
seducción del pecado y por los que luchan para vencer las tentaciones. Su
solicitud materna no olvida a nadie.
Acaba de comenzar el mes de mayo, dedicado tradicionalmente a la
Virgen María. Aprendamos de ella la sencillez evangélica de los hijos que se
encomiendan a la Madre. Que María nos conduzca a Cristo en la alegría y en el
sufrimiento, «ahora y en la hora de nuestra muerte». Amén.
© Copyright 1996 - Libreria
Editrice Vaticana
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