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JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Domingo 6 de julio de 1997
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Con el inicio del mes de julio
hemos entrado de lleno en el verano, que es también el período de vacaciones.
Los muchachos y muchachas que estudian han concluido el año escolar. Pero no
quiero olvidarme de los que tienen que hacer el examen de madurez: les deseo que
lo superen lo mejor posible.
En los meses de julio y agosto, muchas familias
toman sus vacaciones. En efecto, de vez en cuando, todos tenemos necesidad de un
largo período de descanso físico, psicológico y espiritual. Sobre todo para
quien vive en las grandes ciudades, es importante sumergirse durante algún
tiempo en la naturaleza. También yo, el miércoles próximo, me trasladaré a las
montañas del Valle de Aosta, para pasar unos días de distensión y descanso.
Para que las vacaciones sean de verdad vacaciones y proporcionen
un auténtico bienestar, es preciso que en ellas la persona encuentre un buen
equilibrio tanto consigo misma, como con los demás y con el medio ambiente. Esta
armonía interior y exterior es la que regenera el alma y devuelve las energías
al cuerpo y al espíritu.
2. Uno de los valores de las vacaciones es el de reunirse, estar
con los demás de modo desinteresado, por el placer de la amistad y de compartir
momentos serenos. Sin embargo, conociendo el espíritu humano y los
condicionamientos de la sociedad de consumo, quisiera sugerir, especialmente a
los jóvenes, que hagan vacaciones sanas, es decir, que sean de sana evasión,
evitando transgresiones perjudiciales para su propia salud y para la de los
demás. De lo contrario, se acaba por perder tiempo y recursos, y por volver de
las vacaciones tan anheladas sin ningún beneficio. Evadirse puede resultar útil,
pero a condición de que no se evada de los sanos criterios morales y tampoco del
debido respeto a la propia salud.
3. El derecho a tomar vacaciones no debe llevarnos a olvidar a
los que, por diversas razones, no pueden salir de su ambiente ordinario, pues se
lo impiden motivos de edad, salud o trabajo, por falta de dinero o por otros
problemas. Durante el verano son mucho más necesarios ciertos servicios públicos
de suma importancia, como resulta muy valiosa la presencia de voluntarios, que
dedican su atención a las personas más solas.
A María santísima quisiera encomendarle hoy las vacaciones de
todos, para que sean serenas y provechosas; pero también el verano de cuantos no
podrán tener vacaciones, para que, de cualquier modo, sea un tiempo de
distensión, amenizado por la presencia de personas amigas y también por momentos
de alegría.
© Copyright 1997 - Libreria
Editrice Vaticana
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