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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Castelgandolfo, domingo 31 de agosto de 1997

 

Amadísimos hermanos y hermanas:

1. En París, con ocasión de la XII Jornada mundial de la juventud, pude palpar la vitalidad de la Iglesia joven, llena de entusiasmo y de amor a Jesús. Los jóvenes serán los testigos y los mensajeros del Evangelio en el tercer milenio. Serán los protagonistas en la gran empresa de la edificación de la civilización del amor, a la que aspira el corazón humano.

Ahora bien, para que cumplan esa ardua tarea, necesitan ser formados, estimulados y dirigidos. Y, en particular, necesitan el apoyo constante de la familia, de una familia auténticamente cristiana. Mi pensamiento se dirige, aquí, a otro importante acontecimiento mundial, vinculado idealmente a la Jornada mundial de la juventud. Me refiero al segundo Encuentro internacional del Papa con las familias, que se celebrará en Río de Janeiro del 2 al 5 del próximo mes de octubre y que tendrá como tema: «La familia: don y compromiso, esperanza de la humanidad».

Durante las próximas citas dominicales para el rezo del Ángelus, tendremos ocasión de reflexionar juntos en la importancia de este encuentro mundial, en el curso del cual se reafirmará con fuerza que la familia es el camino primero y fundamental de la Iglesia. El futuro de la humanidad y el del pueblo de Dios depende de la defensa y la plena valoración de la familia.

2. Mi pensamiento se dirige ahora a la martirizada Argelia, de donde siguen llegando noticias de violencias inauditas, que afectan sin cesar a muchas personas inocentes. Con el alma conmocionada por una crueldad tan bárbara, encomiendo a la misericordia divina a las numerosas víctimas, implorando del Señor consuelo para los familiares destrozados por el dolor. Quiera Dios tocar el corazón de todas las personas implicadas en estas matanzas, para que termine esa injustificable espiral de violencia y el país pueda recuperar la paz tan anhelada.

Pienso, también, con aprensión en Tierra Santa, de la que, después de los terribles atentados acaecidos en Jerusalén el pasado 30 de julio, han llegado informaciones cada vez más preocupantes, que resultan aún más tristes por la gravísima situación creada sobre todo en Belén, también con consecuencias para los numerosos peregrinos. He sabido que se han tomado decisiones encaminadas a disminuir o eliminar dichas dificultades: espero vivamente que constituyan un primer paso hacia un proceso de normalización, que resulta cada vez más necesario.

En este sentido, oro e invito a todos a orar. En efecto, es grande la aprensión a causa de la fuerte tensión que sigue existiendo y de las enormes dificultades que la población de Belén y de todos los territorios palestinos se ve forzada a afrontar diariamente.

3. Amadísimos hermanos y hermanas, dirijámonos con confianza al Señor para que inspire y dé fuerza a los responsables, ayudándoles a hacer que progresen al mismo tiempo la justicia, la seguridad y la paz de modo concreto y evitando provocaciones y actitudes que hieran la dignidad, los derechos y las legítimas aspiraciones de cada uno.

Encomendemos estas intenciones a la Virgen santísima, para que proteja e ilumine a las familias, a las naciones sacudidas por la violencia y a toda la humanidad.

* * *

Después del Ángelus

Mi saludo, lleno de afecto, se dirige ahora a los peregrinos de los diversos países de lengua española. Os animo a imitar a María, acogiendo a Cristo en la Palabra y en la Eucaristía. Que el Señor esté con vosotros y os bendiga siempre.

(A algunos automovilistas al volante de coches Fiat 500 )
A la vez que agradezco a los organizadores esta amable visita, aprovecho la ocasión para recomendar a los automovilistas el sentido de responsabilidad en las carreteras, especialmente durante estos días de retorno de las vacaciones.

 

© Copyright 1997 - Libreria Editrice Vaticana

 

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