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JUAN PABLO II
REGINA CAELI
Domingo
20 de abril de 1997
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Esta mañana he tenido la alegría
de ordenar presbíteros a treinta y un diáconos de la diócesis de Roma. Es
muy significativo que este rito tan sugestivo se haya celebrado en la Jornada
mundial de oración por las vocaciones. Damos gracias juntos al buen Pastor por
el don del sacerdocio, que se renueva en estos recién ordenados. Damos gracias a
sus familias, a sus educadores y a los responsables de su formación, que los han
guiado a lo largo de los años y que hoy los han acompañado al altar. Damos
gracias a estos nuevos presbíteros que, con gran generosidad, han entregado su
vida a Cristo y se han convertido en signo concreto de esperanza para la Iglesia
y para el mundo.
El sacerdote es «hombre de esperanza », no porque haga alarde
de sus fuerzas y de sus recursos humanos —pues sigue estando bajo el peso de su
fragilidad humana—, sino porque la gracia sacramental lo sostiene y lo convierte
en icono vivo de Cristo, buen pastor, que «da la vida por las ovejas» (Jn
10, 11). Esto es lo que Jesús espera de sus ministros. Su vida tiene sentido si
es vida «entregada», iluminada por Cristo resucitado.
2. El domingo pasado me
encontraba en Sarajevo, ciudad símbolo de nuestro siglo, tierra de dolor
y de esperanza. Doy gracias al Señor por el proceso de paz que se ha puesto en
marcha y espero que dé frutos duraderos de reconciliación y solidaridad. Durante
mi visita he podido apreciar la acción de las instituciones eclesiales, de los
Gobiernos, de las organizaciones internacionales y de los que han trabajado para
aliviar los sufrimientos y dificultades de esas poblaciones. Ahora es necesario
seguir ayudando sin vacilaciones a las personas tan afectadas durante ese
trágico conflicto, y asistir a las víctimas que todavía siguen sufriendo sus
consecuencias. Este es el tiempo de la reconstrucción moral y material. Sigamos
al lado de las poblaciones de esa amada región con nuestra solidaridad activa.
Amadísimos hermanos y hermanas, a la vez que os doy las gracias por haberme
acompañado espiritualmente el sábado y domingo pasados durante mi peregrinación
a Sarajevo, encomiendo a vuestras oraciones otro viaje apostólico. Al final de
esta semana iré a la República Checa, para celebrar el milenio del martirio
de san Adalberto, primer obispo de Praga, de sangre bohemia, monje
benedictino, misionero valeroso y testigo intrépido de la verdad.
3. Encomendemos a María, mujer de
fe y esperanza, las intenciones de nuestra oración: las poblaciones de Sarajevo
y Bosnia-Herzegovina; mi visita a la República Checa; y, sobre todo, los recién
ordenados, así como todos los sacerdotes del mundo, para que, siguiendo el
ejemplo de san Adalberto, den a diario su vida por sus hermanos.
Después del Regina Caeli
Llamamiento del Santo Padre para la eliminación de las
minas antipersona
Hoy está presente en la plaza de San Pedro un numeroso grupo de
representantes de la campaña italiana para la eliminación de las minas
antipersona. En diversos lugares del mundo estas armas letales siguen
matando y mutilando, sobre todo a personas inocentes, incluso años después de
haber cesado las hostilidades, e impiden que los países y las regiones víctimas
de este flagelo reanuden una vida social y económica normal. Pido al Señor de la
paz que infunda en los responsables de los Gobiernos la valentía de escuchar el
clamor de esas víctimas y concluir lo más rápidamente posible las negociaciones
que se están desarrollando para llegar a la eliminación total de esas armas
insidiosas.
© Copyright 1997 - Libreria
Editrice Vaticana
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